18 octubre 2009 a las 23:14 por elenayelsexo

Fin de semana con fantasmas

Desde que me marché de La Oficina no había vuelto a ver a Javi. Tampoco es que le haya echado de menos, pero cuando el viernes pasado me mandó un mensaje preguntando si tenía plan para esa noche, he de reconocer que se me puso el desayuno a modo de amígdalas. Obviamente, le respondí que no había pensado nada y que estaba a su entera disposición.

Como una boba, corrí a comprarme ropa interior nueva, a hacerme la pedicura y las ingles brasileñas. Al editor le tengo tan asegurado que este último mes he descuidado totalmente estos detalles. Me arreglé el pelo y hasta me puse tacones, con los que, por cierto, no sé caminar y nunca aprenderé.

Quedamos en el bar de siempre. Yo llegué primero, así que me aposenté en un taburete, pedí un gintonic y crucé las piernas en una postura nada cómoda pero sí muy sugerente. “¡Cuánta sobredosis de película ñoña!” podría pensar cualquiera. Y sí, así es. Todo este proceso es lamentable. Pero no menos que el resultado.

Quince minutos más tarde de lo pactado, apareció Javi … ¡con su novia! En este tipo de situaciones es absolutamente imposible mantener la compostura. Puse cara de culo y sonrisa de forma alterna, de manera que parecía que de un momento a otro iba a romper a llorar –cosa que me hubiese encantado, por otra parte-.

Se marcharon pronto y sin decir adiós, mientras yo me distraía con un amigo de ellos que se presentó por sorpresa. Al darme la vuelta y ver que se habían largado a la francesa, comencé a hacer pucheros, a los que siguieron lagrimitas, y acabaron por un llanto incontrolable con hipo. Las palabras de consuelo del tipo con el que me quedé no fueron tal:

-    Mira, Elena, si todos sabemos lo que le ha pasado a Javi. Dejó a su chica porque es una pesada y le controla mucho y, claro, él ya no estaba seguro de quererla. Y además estabas tú. Te veía todos los días, eres guapa, vaya, estás buena y eres joven. Ideal en comparación la pesada de su novia. La dejó, pero luego se dio cuenta de que en realidad tú no le llegas ni a la suela de los zapatos y decidió volver con ella.

Gracias, tío, tus palabras me hicieron un gran favor.

2 agosto 2009 a las 23:39 por elenayelsexo

Despedidas

Me voy de vacaciones...

Me voy de vacaciones...

Por fin llegó el último día. Aunque no tuvo nada diferente al resto, a decir verdad. Hice lo que me correspondía y recogí mis cosas. Meter en bolsas de plástico tus enseres de trabajo acumulados durante un tiempo es triste, para qué vamos a engañarnos. Cristina no dijo nada, procuró no estar en el sitio la mayor parte de la mañana. Cuando terminó mi jornada tampoco estaba allí, así que ni siquiera nos despedimos.

La pesada de mi sustituta no paró de hablar como de costumbre. La pobre tiene hongos y su picor, lejos de ser inenarrable, es fácilmente comentable y mesurable, adjetivable y etiquetable. Después de que cotorrease imparablemente sobre su escozor vaginal durante largas horas, casi me lo pegó a mí. Sólo conseguí quitarme esa sensación cuando me largué de La Oficina. Dios, qué paranoia. Antes de marcharme, me abrazó entre sus pechos y me dijo: “Ay, tía, a ver si nos vamos un día por ahí juntas a ligar o algo. Tengo unos amigos muy estupendos, ya te los presentaré”. Espero que no llegue el momento en que tenga que recurrir a esto.

De todas mis compañeras únicamente una se dirigió a mí. Me encontraba yo en la puerta, amontonando los trastos que ya no iba a usar en la puerta de La Oficina. Se acercó despacio, sonriente. “Hola, Elena. Hoy es tu último día, ¿no?”. “Hola, Amparo, sí, cómo es que te has acordado”. “Ay, niña, yo es que lo apunto todo, sobre todo este tipo de eventos. En las despedidas se come de maravilla. Venía a preguntarte justamente por esto. ¿A qué hora has pedido el catering?”. “Siento decepcionarte, pero no he preparado nada”. “Puf, pues vaya una forma de marcharse. Egoísta hasta el final, no me esperaba otra cosa”. Y pegando un rabotazo, se marchó cabreada como una mona.

Javi me ha acompañado hasta el taxi. Quince minutos antes de mi hora de salida, se ha acercado y me ha dicho que no me podía ayudar a llevar las cosas, pero que debería coger un taxi. Se encargó él de pedirlo. Todo un detalle. Antes de cerrar la puerta, yo con las lágrimas en los ojos, se ha atrevido a decir algo bonito: “Me da mucha tristeza que te vayas, peque, espero que todo te vaya de maravilla AHÍ FUERA. Nos veremos, de eso puedes estar segura”. Beso en la mejilla, sonrisa, portazo y el taxi comenzó a andar. Para cuando el conductor me preguntó el típico “Adónde, señorita” yo ya lloraba con hipo.

Me voy a Guadalajara, México.

16 julio 2009 a las 19:22 por elenayelsexo

Que lo sepa todo el mundo

Estoy en todas partes y todavía en ninguna. Sigo en La Oficina, pero también hago cosas para la editorial. Me tiro al editor casado, pero me gustaría hacer lo propio con Javi. Todos los días voy al trabajo, pero no a trabajar, sino más bien a enseñar a otra persona a hacerlo. Sí, ya hay alguien nuevo.

Ese alguien es rubia y no para de comentarlo todo. Si digo que hace continuamente chascarrillos jocosos y obscenos, que habla sin respirar, gritando, que su ciclo menstrual está en todas las conversaciones, que mira y remira hasta que se aprende el Vogue, que nunca jamás usará una talla más pequeña que la 42… ¿de quién estoy hablando?

Sí, de una mariliendre, efectivamente. No sólo nunca he querido ser una de ellas, sino que además no puedo soportarlas. Así que me paso ocho horas cada día viendo una boca moverse y procurando no entender nada de lo que significan los sonidos que emite.

Me cuenta sus rollos al detalle y me pregunta. Sueño con, en ese momento, sacar un megáfono y gritar. Explicarle que es una puta pesada que encajará de maravilla allí, pero que no quiero saber nada de su regla, de sus polvos, ni de a quién se tiran sus amigos. Y ya de paso decirle a Cristina que es fea, a las del Otro Lado que les falta un hervor y a Javi que se puede ir a la mierda un rato.

¡Me voy!
Unos días y se acaba el infierno. Creo que necesito unas vacaciones de mi vida. Me parece que me iré lejos. O quizá no, a lo mejor me quedo cerca. Se admiten sugerencias.