Hace algunos días le contaba a Mónica mis aventuras con Sara y alguna otra. Mónica reía sin parar hasta que llegamos al desdichado episodio del reciente gatillazo. Sin más razones que una mala cara y algunas lágrimas, me dejó plantada a la mitad de una cena en principio divertida. Pensé que había metido la pata y que su novio, Ángel, tiene problemas con las erecciones.
Esta mañana he descubierto el porqué de su reacción. Mónica me ha mandado un mail explicando que ella no puede tener relaciones sexuales, que sufre continuos ‘gatillazos’. Dice que aunque hayan ‘precalentado’ lo indecible, hayan jugado, se hayan tocado, cuando Ángel procede a penetrarla, el asunto se convierte en imposible. Al parecer ha ido millones de veces al ginecólogo e incluso han asistido juntos a una terapia de pareja, pero nada, no hay manera.
En el mismo correo me decía también que Ángel siempre ha dicho que no le importa, que seguirán intentándolo hasta que puedan, que no resistirá, pero que hace tiempo que se pregunta si esto es verdad, que ha empezado a desconfiar de él y que teme que todo se vaya a la mierda por el sexo. O más bien por la falta de. Yo llevo un rato mirando a la pantalla sin saber qué contestar. Esta vez me he quedado sin respuesta.










