21 diciembre 2009 a las 17:10 por elenayelsexo

Gatillazos de ellas

Hace algunos días le contaba a Mónica mis aventuras con Sara y alguna otra. Mónica reía sin parar hasta que llegamos al desdichado episodio del reciente gatillazo. Sin más razones que una mala cara y algunas lágrimas, me dejó plantada a la mitad de una cena en principio divertida. Pensé que había metido la pata y que su novio, Ángel, tiene problemas con las erecciones.

Esta mañana he descubierto el porqué de su reacción. Mónica me ha mandado un mail explicando que ella no puede tener relaciones sexuales, que sufre continuos ‘gatillazos’. Dice que aunque hayan ‘precalentado’ lo indecible, hayan jugado, se hayan tocado, cuando Ángel procede a penetrarla, el asunto se convierte en imposible. Al parecer ha ido millones de veces al ginecólogo e incluso han asistido juntos a una terapia de pareja, pero nada, no hay manera.

En el mismo correo me decía también que Ángel siempre ha dicho que no le importa, que seguirán intentándolo hasta que puedan, que no resistirá, pero que hace tiempo que se pregunta si esto es verdad, que ha empezado a desconfiar de él y que teme que todo se vaya a la mierda por el sexo. O más bien por la falta de. Yo llevo un rato mirando a la pantalla sin saber qué contestar. Esta vez me he quedado sin respuesta.

17 diciembre 2009 a las 13:54 por elenayelsexo

Cuando la cosa no levanta

Como si nada y extrañamente avergonzada, regreso a casa. Minutos antes, él me acompañaba al metro y me preguntaba si no era mejor que me llevase a casa en coche. Esta vez ni siquiera había necesitado una toalla mugrosa, ni secarme como un perrillo, porque me desperté inmaculada. Pasé calor, mucho, eso sí. La calefacción central de algunos edificios de Madrid convierte las noches acompañadas en camas pequeñas en un pequeño infierno de sudor y vahos. Pese a éstos, me decanté por salir pitando sin un agua.

Me apuesto el brazo derecho y no pierdo a que él no pegó ojo, aunque su respiración a ratos decía lo contrario. Yo lo intenté en vano. Como en vano intenté que aquello se levantara. Pero no hubo manera. Ni con las mejor técnicas (infalibles históricamente) manuales y orales logré una inflamación, una pequeña hinchazón de aquel colgajo inservible. Me restregué como una loca encima, le dejé que se restregará encima. Y nada. Los motivos seguramente sean variados y sensatos, pero en esos momentos de calentón absoluto en los que ya no hay nada que hacer, dan ganas de acabarse –y casi empezarse- una solita. Total, vas a tardar menos y el resultado va a ser el mismo.

Sí es cierto que bebimos más de cuatro combinados cada uno, que era tarde, que no nos conocíamos y que no estaba sobreexcitada. Razones suficientes para que a la hora de la verdad, por muchos tocamientos obscenos que hayan tenido lugar en diversos lugares públicos, la penetración sea imposible. La imagen es espantosa. Tú, húmeda, chorreante, tan dilatada que podrías parir un potrillo sin dolor. Y él, tan blando que cuando empuja, se le dobla. Podría haber sido al revés. Podrías haber sido tú la que no pudiese, pero eso generalmente tiene más fácil solución y generalmente menos llamativa y avergonzante.

Así que aquí me encuentro, con ganas todavía y sin nadie que me satisfaga…