20 septiembre 2009 a las 23:36 por elenayelsexo

Historias de París

He vuelto. Y tengo un nuevo amigo. Se llama Alberto –bueno, este es uno de sus muchos nombres- y es colombiano. Un colombiano marica. Tiene unas historias fascinantes que no han parado de sorprenderme a lo largo del fin de semana. La mejor: una discoteca de París.

Resulta que se fue a ver un concierto de Madonna en su última gira a la capital francesa. Solo. Sin compañía y con dinero. Preguntando por aquí y por allí, le hablaron de un par de sitios de ambiente muy recomendables. El primero parece ser que era un coñazo: el típico bareto de osos gays.

Pero el segundo… ¡ay el segundo! Me sentí tremendamente inocente al escuchar este relato. Se trataba de un club nudista. En la entrada dejas tu ropa y te la guardan amablemente en una bolsa. Te puedes quedar únicamente con los zapatos y los calcetines. La imagen me pareció aterradora: hombres fornicando… ¡con calcetines! Pero ahí no termina el asunto.

Cuenta que los homosexuales usan cintas de colores que delatan sus gustos sexuales. Entre otras muchas, algunos llevan una negra, que significa que al portador le va todo. Y todo es TODO. Mi nuevo amigo se acercó a uno de estos y empezó a escupirle. Si te gusta cualquier cosa, ¿por qué no un buen esputo?

Pese a todo pronóstico al elegante parisino le maravilló esa idea y le contestó con una suave felación. Mientras tanto, varios hombres se arremolinaban alrededor de mi coleguita, pidiendo sus babas. Tal era el deseo y la competencia que acabaron todos a mamporros mientras el pobre Alberto huía despavorido con su nueva arma sexual secreta: la salivilla.

Creo que todavía me queda mucho que ver y que aprender. Aunque no estoy segura de que me apetezca algo de ese rollo, nunca diré “de este agua no beberé”.

¿Os han escupido alguna vez? Tengo mucha curiosidad por este tipo de prácticas…