2 agosto 2009 a las 23:39 por elenayelsexo

Despedidas

Me voy de vacaciones...

Me voy de vacaciones...

Por fin llegó el último día. Aunque no tuvo nada diferente al resto, a decir verdad. Hice lo que me correspondía y recogí mis cosas. Meter en bolsas de plástico tus enseres de trabajo acumulados durante un tiempo es triste, para qué vamos a engañarnos. Cristina no dijo nada, procuró no estar en el sitio la mayor parte de la mañana. Cuando terminó mi jornada tampoco estaba allí, así que ni siquiera nos despedimos.

La pesada de mi sustituta no paró de hablar como de costumbre. La pobre tiene hongos y su picor, lejos de ser inenarrable, es fácilmente comentable y mesurable, adjetivable y etiquetable. Después de que cotorrease imparablemente sobre su escozor vaginal durante largas horas, casi me lo pegó a mí. Sólo conseguí quitarme esa sensación cuando me largué de La Oficina. Dios, qué paranoia. Antes de marcharme, me abrazó entre sus pechos y me dijo: “Ay, tía, a ver si nos vamos un día por ahí juntas a ligar o algo. Tengo unos amigos muy estupendos, ya te los presentaré”. Espero que no llegue el momento en que tenga que recurrir a esto.

De todas mis compañeras únicamente una se dirigió a mí. Me encontraba yo en la puerta, amontonando los trastos que ya no iba a usar en la puerta de La Oficina. Se acercó despacio, sonriente. “Hola, Elena. Hoy es tu último día, ¿no?”. “Hola, Amparo, sí, cómo es que te has acordado”. “Ay, niña, yo es que lo apunto todo, sobre todo este tipo de eventos. En las despedidas se come de maravilla. Venía a preguntarte justamente por esto. ¿A qué hora has pedido el catering?”. “Siento decepcionarte, pero no he preparado nada”. “Puf, pues vaya una forma de marcharse. Egoísta hasta el final, no me esperaba otra cosa”. Y pegando un rabotazo, se marchó cabreada como una mona.

Javi me ha acompañado hasta el taxi. Quince minutos antes de mi hora de salida, se ha acercado y me ha dicho que no me podía ayudar a llevar las cosas, pero que debería coger un taxi. Se encargó él de pedirlo. Todo un detalle. Antes de cerrar la puerta, yo con las lágrimas en los ojos, se ha atrevido a decir algo bonito: “Me da mucha tristeza que te vayas, peque, espero que todo te vaya de maravilla AHÍ FUERA. Nos veremos, de eso puedes estar segura”. Beso en la mejilla, sonrisa, portazo y el taxi comenzó a andar. Para cuando el conductor me preguntó el típico “Adónde, señorita” yo ya lloraba con hipo.

Me voy a Guadalajara, México.

7 julio 2009 a las 14:23 por elenayelsexo

Chubasqueros contra ventiladores

Me han dicho de todo. Bueno, algunas no me lo han dicho, más bien se lo han dicho y yo lo he escuchado por accidente. Que si me voy porque no puedo soportar trabajar al lado de Javi, que si en realidad no me voy, que me han echado, que Cristina me cazó robando material de oficina. Y yo callo. Y con eso, como el dicho, otorgo. Que piensen lo que quieran.

Javi puso el grito en el cielo.

-¡Elena! ¡Pero qué haces! Estás loca, eres una inconsciente. ¿Qué es lo que te has creído? No eres tan importante, ni sabes tanto. Ahí fuera no eres nadie.

AHÍ FUERA otra vez. Ahí fuera como la jungla, como las trincheras, como el infierno. Pero yo sigo viéndolo como la oportunidad o por lo menos algo así como abrir una ventana. He vuelto a la editorial para la que trabajaba a veces, me han dado manuscritos e informes para hacer estos días. Pese a que a muchos no les quepa en la cabeza, a los que vivimos también nos gusta ganarnos el pan. Cuando nos dejan, claro.

Siempre he sabido buscarme la vida, y las resacas y la promiscuidad no quitan para que una lleve muchos años ganándose sus perras, que siempre son menos de las que deberían ser, y siempre en billetes de cincuenta euros, en un fajo, al bolsillo. Ojo, no por gusto, nunca me han dado otra opción.

¿Y el sexo? Eso mismo me pregunto yo, ¿dónde está el sexo? El sexo ha llegado este verano unido a la palabra infidelidad. No mía, por supuesto. El que no tiene compromiso no puede fallarle. Él trabaja en la editorial, nos conocemos hace tiempo. Fui allí, nos tomamos un café y acabamos en una habitación de hostal en la calle Fuencarral. Sudor, ventilador y mentiras.

No hay nada peor que una mentira. Más cuando no es necesaria. El, llamémosle, editor no tiene que hacerme promesas. No me importa más allá de la cama de la calle Fuencarral. Pero parece imprescindible que cuando un hombre engaña a su mujer le de explicaciones a la amante, aunque no las pida. Y el inevitable “Estoy pensando en dejarla”. Yo respondí un “A mí que me importa” de esos que cuando no se llevan bragas siempre suena falso. Por muy real que sea.

Pero él insiste. Así que lleva una semana metiendo su sudor y sus mentiras en el ventilador, salpicándolo todo. No sabe que yo esta vez me he puesto un chubasquero…

26 junio 2009 a las 16:41 por elenayelsexo

Adiós con la manita

Hasta esta semana, siempre pensé que dejar un trabajo era algo tan sencillo como decir adiós en la empresa para la que curras. Pero no, la experiencia acumulada tras los últimos días me dice que irse es casi peor que quedarse, o al menos las horas que me faltan…

Decidí entrar en el despacho del jefe supremo para despedirme. Cristina no me contrató –bueno, nadie lo hizo en realidad, pero ella ni siquiera eligió que yo estuviera ahí-, así que no me parece una figura relevante a la que comunicarle mi despido. Además, creí que sería una última y elegante forma de hacerle saber la autoridad que ejerce sobre mi persona.

El caso es que me dirigí al lugar donde piensa el Dios de La Oficina. Hablé con su secretaria y me comentó lo difícil que era conseguir una cita con Él, dada su apretada agenda. Pero que siempre podría mandarle un e-mail, que a veces los lee. Le contesté que se trataba de un asunto de máxima urgencia e importancia y que no podía retrasar la cita, ni mandarle un correo electrónico con el contenido de lo que yo esperaba que fuese una conversación.

Cundió tanto el pánico, que la ‘secre’ me telefoneó al instante, exigiéndome abruptamente que pasara al despacho de Él. Cuando entré, aparte de descubrir un lugar hermoso y agradable, alejado de las catacumbas en las que yo ayudo a hacer el trabajo sucio, me di cuenta de que había creado una gran alarma social. Dios me miraba desde su púlpito con los ojos abiertos, posiblemente esperando un testigo misterioso o un caso de corrupción judicial.

- Hola
- Hola… (tiempo de silencio y mirada de reojo a un papel sobre la mesa), Elena. ¿Qué es eso tan importante que te trae por aquí?

Me hubiese gustado contestarle que en general a La Oficina no me llevaba ningún motivo importante, únicamente ganarme unas perrillas para mis gastos. Pero preferí callar.

- Nada tan tan importante, simplemente quería comunicarle que he decidido continuar mi carrera profesional por otros caminos.
- Ahhh, bueno, ¡qué susto! Creí que pasaba algo grave… Nada, mujer, díselo a Cristina y acuerda con ella el que será tu último día. Como no tienes contrato no hay ningún papel que arreglar. Bueno, ¡que tengas mucha suerte AHÍ FUERA!

Y pronunció estas últimas palabras entre dientes, con una sonrisa malévola, como si detrás de las paredes de La Oficina se encontrase el Infierno de Dante. Pero al salir, me percaté de que el infierno no estaba fuera de La Oficina, sino tras la puerta del despacho de Dios. Cristina me miraba fijamente, con la rabia contenida, colorada como un tomate.

- Eres lo peor que hay en este mundo –masculló-
- Yo, ¿por qué?
- ¡Dime ahora mismo que le has dicho de mí! Te aseguro que ni tú ni ninguna otra mocosa se va a quedar con mi puesto.
- No le he dicho absolutamente nada de ti. Me he despedido.

Corrió el aire y los músculos de la cara de mi jefa se relejaron considerablemente.

- Ay, perdona, peque. Últimamente estoy muy tensa, no sé por qué. Oye, ¿y por qué te vas?

La pregunta sonó tan estúpida que hasta Cristina se dio cuenta.

- Porque quiero hacer otras cosas.
- Pues me parece muy bien, todavía eres joven.

Me encantan las treintañeras que hablan a las de veinticinco como si acabasen de terminar el preescolar y ellas ya no tuviesen casi vida por delante.

La cuestión es que me tengo que quedar hasta Agosto, mientras Cristina busca una sustituta. Y durante los últimos días de Julio explicarle a la nueva cómo archivar, coger llamadas, hacer la mierda de los recados y todas esas cosas.

Lo mejor es que las reacciones de las del Otro Lado no se han hecho esperar.