21 julio 2009 a las 18:40 por elenayelsexo

La buena samaritana

-    ¡Bruja! –gritaban las mujeres a su paso-

-    ¡Puta! –le decían los hombres-

Ella era continuamente objetivo de insultos y diana de lanzamiento de objetos. Hortalizas, frutas y una vez, hasta una silla. El rumor se había extendido por el pueblo y sus habitantes coincidían en que la causante de todos los males era ella. Ella le había seducido, ella le había convencido para que fuese infiel a su mujer. Ella y sus armas de hembra en celo.

El juzgado supremo de la región la llamó a declarar. Se le acusaba de obscenidad y escándalo público. Ella lo primero que pensó es que de público nada, que bien que lo habían ocultado todo este tiempo. Y que de obscena poco, que ella siempre se había tenido más por pudorosa.

Fue condenada a la pena máxima: la horca.
Al ajusticiamiento podría acudir la mujer de su amante. El amante estaba obligado. Además, se la colgaría completamente desnuda. Para que muriese como ramera que era. Una humillación completa para un crimen horrible, asqueroso, inhumano. Así lo llamaron durante el juicio.

No podría volver a acercarse a él, pero como último deseo, ella pidió hablar con la esposa de su amante.

-    Hola Elena. No comprendo qué puede ser lo que alguien como tú quiere decirle a una víctima como yo. Pero, atendiendo tu última petición en vida, y como buena samaritana que soy, aquí estoy.

-    Hola. No sé tu nombre, pero tampoco me importa. Casi no sé de tu existencia. Y me da bastante igual. Sólo quiero que sepas que no me arrepiento de nada, aún sin ni siquiera amar a tu marido. Lo que pasó entre nosotros no tenía que ver con sentimientos profundos. Pero me voy a la tumba con una duda, la de si serás capaz de mirar a la cara a tu compañero de la vida sabiendo que él conocía perfectamente tu nombre y tu existencia cuando se acostaba conmigo, cuando me hacía falsas promesas, cuando me juraba que te abandonaría, que no te quería. Me pregunto también si una vez que no puedas volverle a mirar a la cara, te arrepentirás de no haberme salvado la vida…

Nunca recuerdo ningún sueño, pero hoy me he despertado con la agonía de éste.