elenayelsexo a 8 agosto 2008 a las 13:27

Summer in the city

elena.jpgPese a la existencia generalizada de una idea absolutamente negativa e incluso fatalista del verano en Madrid, he de decir que agosto es una de las mejores épocas de esta calurosa y caótica urbe.

Los habitantes que por estas fechas no estamos bajo una sombrilla en la playa –casi siempre por temas laborales- nos encontramos súper dispuestos a todo. Una especie de hermandad se crea en torno a bares, terrazas y otros lugares frecuentados por los desterrados del asueto. Y siempre, indiscutiblemente, surge el amor –y sus derivados y antecedentes-.

Al amor de mi vida número uno, de nombre Jaime y apellido hasta el momento desconocido, lo encontré hace justo un año de estos días que nos rondan. El sofoco y las tórridas temperaturas de los bares de Malasaña nos empujaron a magrearnos en una esquina de la mítica sala Nasti. Y después por Noviciado, más tarde en un taxi, y finalmente en la casa de una amiga, que nos prestó un hueco en su morada, vacía –como todo- por descanso del personal.

Tras un mal polvo, fruto del alcohol y el aburrimiento, llegó una mañana seca y horrible, presidida por un:

- Tienes que irte, levántate, por favor.

Jamás había echado a nadie de mi casa, y menos de una casa que ni siquiera era la mía, pero lo que por la noche me pareció una idea divertida, al despertar se convirtió en un tío flaco con aspecto de heroinómano, a mi lado, en pelotas. Ni idea de cómo se llamaba, sólo tenía claro que era el tipo con pantalones de pitillo y gorra que llevaba varios meses mirándome desde lo lejos en varios bares. Nos intercambiamos los teléfonos y nos repetimos los nombres, creo que movidos por esa cosa tonta llamada ‘educación’. Y nos mandamos unos sms más tarde por esa otra denominada ‘necesidades fisiológicas’. Yo estaba trabajando corrigiendo suplementos de un diario nacional por las tardes, sola, sin amigos, recurriendo a los números casi borrados por desuso de la agenda. Él no tenía planes a corto plazo.

Así que quedamos para ir al cine. Gran eufemismo éste. Pero la mala fortuna quiso que aquello que tenía pinta de ser sólo sexo de verano, resultase una historia bonita, irrepetible y mágica. Vamos, una de esas que te estrujan las entrañas y te hacen, después de pasar un maravilloso mes de agosto, padecer un otoño de mierda. En esta primera cita, resultado del sentimiento de hermandad, descubrí que el falso heroinómano que me miraba en los bares oculto tras su gorra, lo hacía porque me conocía desde hacía tiempo. Después de estúpidas conversaciones sobre nada, Jaime desveló su identidad.

- Elena, creo que nos conocemos desde antes de lo que parece.

- ¿Cómo? –aquella afirmación cuasi mística me provocó un miedo raro-

- Sí, me parece que de pequeños éramos vecinos –dijo él tan bajo, muerto de la vergüenza, que sonó como un secreto-

Al parecer el falso heroinómano tuvo tiempos mejores, en los que los músculos rellenaban el espacio existente entre el hueso y la piel. En esos días, era un hermoso adolescente a quien yo, todavía una niña, deseaba de forma no tan infantil en el portal, cada vez que coincidíamos a la vuelta del colegio. Así que, movida por ese absurdo impulso que nos lleva en la mayoría de los casos a colgarnos por los seres más bobos de la humanidad, motivada por lo curioso de la historia, y absorbida por la idea del destino y todas esas gilipolleces, pasé las noches del mes que nos ocupa buscando y encontrando a Jaime. A tal grado llegó el absurdo impulso, que el sexo dejó de importarme y hubo días en los que me conformé con que me acompañase al metro por la mañana, cerrados todos los locales.

Pero a agosto le sigue septiembre, fecha perfecta para comenzar nuevos proyectos y abandonar todo lo viejo. Y entonces, tal cual llegó, al joven falso heroinómano remueve absurdos impulsos se le acabó la temporal ausencia de planes, y marchó por un periodo indefinido a trabajar a Japón. Eso sí, no sin antes grabarme The Avalanche de Sufjan Stevens. Este disco, impecable por otra parte, debe ser a las relaciones como el beso de la muerte de la Cosa Nostra a sus enemigos, ya que, tiempo después, supe que compartía fortuna con uno de los personajes de Nocilla Experience: te lo regalan y te hunden la vida, convirtiéndote en un ser solitario, incapaz de sumar 1+1, en un auténtico fermión.

Ésta es la forma en que conocí y perdí al que en estos momentos agoniza con ser el amor de mi vida número uno. Hace tiempo que no tengo noticias de él, pero sé que vuelve en septiembre. Espero, mientras tanto, que agosto me deje hermanarme con cuantos pueda. Y que nadie me regale otro maldito disco, que el azar no haga juegos de magia y que no haya nada de absurdos impulsos. Septiembre dirá.

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