Hoy es el último día de Gran Hermano.
Hoy se cierra un ciclo maravilloso de mi vida.
Hoy se termina la experiencia más brutal que he podido vivir.
Hace casi un año estaba listo para entrar en la casa de Guadalix de la Sierra y os tengo que jurar que mientras esperaba nervioso en aquel Mercedes plateado con cartulina en las ventanas, ni podía soñar que nuevas vivencias me traería aquel recinto que se me escondía con tanto celo. Recuerdo un nudo en el estomago que no me dejaba quieta la lengua horas y horas, esperando mi turno para entrar en la casa. Corrí por aquella cruz de cámaras oscura y llena de gente. Perico fue el encargado de guiar mi carrera por los pasillos de la casa. Aparecí en el almacén y cuando entré en la casa, siendo consciente de que detrás de las cámaras había desde sus casas millones de personas viendo mis reacciones en aquel momento, no supe que decir, ni que pensar. Era entre maravilloso e imposible, un sueño que estas viviendo en tus propias carnes, parecido a la sensación que me entraba en mi casa desde el sofá pensando que yo podría ser uno más de aquellos variopintos personajes.
Recuerdo la primera impresión sobre Yago (me maravilló su trayectoria) o sobre Julio (indescriptible, entre miedo y simpatía). En aquel momento, después de analizar por encima a cada uno de mis compañeros, entendí que sería duro y difícil competir con tan amplio abanico de personalidad. Yo siempre me consideré de lo más normal, con un poco de cada mundo sabiendo que los que al principio van de listillos son los primeros que caen, por eso tuve paciencia y siempre guardé la discreción. Me eligieron el nicho que ocuparía los primeros días de concurso, entre Joaquín y Jhota, y debajo de Edu. Tengo guardado en la pupila aquella imagen, aquella sensación tan extraña cuando todos nos acostamos y me ví en aquel nicho, con unas luces en la cara que abrasaban y con un saco de dormir plateado. No tardé mucho en coger el sueño y a la mañana siguiente me despertó una señal. Sabía que eso era una señal para que me tranquilizara y supiera que todo iba a salir bien, era mi concurso… Mi canción favorita de aquel entonces, Danza Kuduro!
Nunca olvidaré aquellos meses de cautiverio, aquellas pruebas entre agotadoras y divertidas, aquellos compañeros tan distintos, aquella casa blanca, aquel hambre y sobre todo aquel amor de verano en pleno invierno.
Fuera la experiencia no ha sido para menos. He conocido a miles de personas, me he hecho millones de fotos, he viajado por toda España, he cumplido con las promesas y he cerrado muchas bocas. Es algo único que la proporción de gente que te conoce sea cien veces mayor a la proporción de gente que le llegas a poner cara. Todo ha sido maravilloso e inolvidable. El blog, los platós, Novios y Residentes en Malaguita, los bolos, los regalos, el aprecio, el cariño, la admiración y un largo etcétera.
Claro que todo esto, pierde el sentido si no incluyo a Laura. Ha sido una persona importantísima en estos meses, la que más. No hay adjetivos para definirla… buena, cariñosa, simpática, cómplice, generosa en todos los sentidos y sobre todo con dos ovarios muy bien puestos para enfrentarse a todo lo que esté en su contra. Lo sabéis de sobra, nos ha cautivado a todos (o por lo menos a más del 60% de los telespectadores de GH, que no son pocos).
Empieza una etapa y se acaba otra…
Más que eso, creo que retomo un sendero que abandoné. La vida inmediata de este blog se apaga por mi parte. Ha sido un placer leeros a todos, desde Carpeteras de Corazón Partido, Lauristas empedernidos, Sobra/sombrita, Marcelistas hasta Desalmadas. Todos hemos conseguido que durante 6 meses este blog brille por encima de todos, que sea el blog referencia en Telecinco.es, con (me atrevo a decir) millones de comentarios y con más entradas que ningún otro. No tiro la toalla, la guardo en el armario. Si T5.es lo decidiera así, nos volveríamos a leer en el último Gran Hermano.
Mi vida ha cambiado. La Súper me lo advirtió en la segunda entrevista : “Marcelo, Gran Hermano te cambia la vida pero no siempre es para bien, es una decisión que tienes que meditar”. Cuanta razón tenías Pepa, pero el cambio ha sido muy positivo en la gran mayoría de las cosas, me ha hecho madurar y mejorar como ser humano. Gracias por haber confiado en mí, y aunque no recordarás aquellas palabras que me dedicaste minutos antes de entrar en la casa, espero no haberte defraudado. Aun mantengo la esperanza de algún día volver a ver a Meña o escuchar al mejor super de todos decir :“Chicos, comienza la hora caliente”
Solo me queda deciros adiós y daros otra vez las gracias por todas las palabras bonitas que en algún momento me habéis dedicado. Gracias por todo ese cariño gratuito y por haberme sacado en volandas de aquella casa, e intentado devolveros el gesto como mejor me han enseñado.
A ti… Gracias por todos los momentos únicos que me has hecho vivir y gracias por quererme de esa manera que ni soñé que pudiera ser. Gracias por enseñarme, por aprender, por reír, por llorar, por vivir, por soñar… POR TODO. Te quiero y guardo todos los momentos dentro de mi corazón.
Sé que nos volveremos a ver, pero aun no.













