8 abril 2009 a las 9:28 por desdeelpalafito

Quien parte y reparte…

Dice el refrán popular: “Quien parte y reparte, se lleva la mejor parte”. Nada puede describir mejor esta frase que lo hecho ayer en la misión del cayuco por las señoritas Wilma e Ivonne. Su actuación no tiene desperdicio de principio a fin, resultando un ejemplo claro de supuesta pillería y presunta picaresca.

Debo contar que por iniciativa de Álvaro, en esta ocasión decidían quienes cumplimentaban la misión por medio de una especie de sorteo que realizaron en la motora de regreso a Cayo Paloma. Los elegidos por el azar fueron Wilma y Matías, pero este decidió ceder su lugar a Ivonne, dado que cumplía veintiún años. Dos chicas, por tanto, a bordo del cayuco, demostrando lo que comentamos hace días y no es otra cosa que pueden logran llegar como cualquiera, si acaso demorando un poco más la travesía, pero llegando finalmente en todo caso. En su destino, el tradicional papiro y una caja
conteniendo una sandía
.

La misión les ofrecía dos posibilidades. A saber, comerse la sandía in situ ellas dos o bien llevarla a Cayo Paloma y compartirla con tres de sus compañeros, y solamente con esos tres. Los nombres de los afortunados debían decirlos en tal caso antes de emprender el viaje de regreso, sin poder cambiar de opinión más tarde. Se decidieron por la segunda de las opciones, haciendo un pequeño sorteo para el que emplearon piedras y caracolas representando a cada uno de sus nueve compañeros. Pero aquí viene la primera presunta pillería. Resulta que en un principio los agraciados son Matías, Begoña y Yolanda, pero al terminar se dan cuenta de que no han metido en el sorteo a Olfo. Los objetos representando a concursantes están dispuestos en una fila por orden alfabético y le elección se realiza cantando una canción, haciendo coincidir la elección con la última sílaba de la misma, algo así como un “pinto pinto, gorgorito…”

Tras añadir la piedra de Olfo repiten la operación, tras lo cual sorprende que resulten elegidos precisamente los mismos. Sencillamente es imposible, dado que la canción es la misma, conteniendo idéntico número de sílabas, mientras que ahora hay un elemento más. Dado que la tonada consta de más de nueve sílabas y, por tanto, daba más de una vuelta a la serie, obligatoriamente el primer elegido ya debería haber sido distinto en esta segunda ronda. Es pura lógica matemática, que se apoya además en la evidente tendenciosidad del resultado.

Resulta que uno de los elegidos es Matías, quien caballerosamente le ha cedido su puesto a la cumpleañera. Las otras dos vienen a ser quienes completan el cuadro de las cuatro aliadas que pactaron su nominación a Daniela el pasado jueves, cambiando el acuerdo original de hacer coincidir el voto de todas a Zúñiga. Resulta cuando menos mosqueante esta elección, presentada por las protagonistas como producto del azar. Como digo, mucho me temo que se trata de un azar debidamente modificado por la voluntad de estas dos aprendizas de brujo.

Tras conseguir que resultaran beneficiadas sus dos amigas y el bueno de Matías, llegaba el momento de hacer la repartición de la sandía. Wilma e Ivonne decidieron comerse su parte antes de regresar, por lo cual tenían que dividir el fruto en porciones, resultando este el momento cumbre de la historia. Simplificando el tema diré que dividiendo la sandía en ocho partes iguales, decidieron llevarles a sus tres compañeros precisamente tres de esas partes, comiéndose ellas las cinco restantes. El proceso fue exactamente así: en primer lugar parten la sandía en dos mitades y una de las mitades la subdividen en cuatro trozos. Así dispuesto asignan los trozos pequeños para cada uno de sus compañeros, quedándose ellas todo lo demás, es decir, toda una mitad más la octava parte restante.

En la foto que acompaña esta anotación se puede ver esto que cuento, siendo lo apilado a la izquierda de la imagen aquello que decidieron llevar a Cayo Paloma y lo de la derecha para ellas. Al final así lo hicieron, solo que se reservaron una octava parte cada una de ellas para comerla junto a sus dos amigas y Matías, aparte del gran detalle de guardar en la caja las cáscaras que no se habían comido por si alguien las quería. Lo de comer la corteza de la sandía ya me habría llamado suficientemente la atención, pero queda anulado por esa repartición tan asimétrica, un ejemplo más de la picaresca con la que afrontaron estas chicas la misión relatada.

Escassi alucinaba cuando vio la movida a la vuelta de las chicas, tres tristes trozos de sandía a repartir, acompañadas de las sobras del festín que se habían dado en la soledad de Cayo Gallo. Y encima las dos amigas y aliadas agraciadas, también es cierto que sin mucha generosidad por parte de Ivonne y Wilma. Cualquier otra cosa de lo sucedido en las últimas horas en Cayos Cochinos pierde interés al lado de este episodio merecedor de formar parte de las ‘Novelas ejemplares’ de Cervantes, o cualquier otro ejemplo de literatura picaresca española de los siglos XVI o XVII.

No es extraño que me detenga a relatar con detalle la misión del cayuco, aunque no hubiera sido tan divertido sin ver a dos concursantes sacando tajada de la misma, nunca mejor dicho. Echando un vistazo al resto de cosas que pasan, nos encontramos con (ironía ON) apasionantes situaciones (ironía OFF) como una nueva discusión de Juanito y Cuca, más áspera aún que la anterior. O Cuca hablando de (y llorando por) su primogénito, lo cual me supuso una gran sorpresa porque yo siempre había pensado que solo había primogénitos en las familias reales y eso. O ese Olfo regalando a Ivonne por su cumpleaños una piedra medio tallada con forma de pie, he dicho bien, le regaló un pequeño pie de piedra, por extraño que parezca. O Santiago deambulando como un psicópata con una daga colgando de una cuerda atada a su cintura, que un día de estos se la va a clavar inadvertidamente, no lo quiera el destino. Apasionante todo, como se puede comprobar.

El otro gran argumento de este día es el juego de recompensa, prueba fallida y recompensa sin ser catada. Esta consistía en tres enormes helados que podían degustar todos en este caso. Imagino que el equipo del programa aquí destacado agradecería que no se comieran los helados. Era una prueba dura, durante la cual Picazo no paró de repetir la ilustrativa consigna de: “os queda poco tiempo”, sin especificar cómo se traducía eso, hasta que en un momento dado comenzó una cuenta atrás al comunicar a los concursantes que solo quedaban veinte segundos. Ni siquiera consintiendo que varios compañeros fueran a ayudar a Escassi, lograron terminar la formación de la palabra AUXILIO, formada con enormes letras de madera o fragmentos de estas. Las letras estaban en el mar, atadas al fondo con una cuerda a la que también habían atado una boya.

Cada una de las letras o fragmentos de los que hablo se encontraba a más profundidad, dividiendo los concursantes sus efectivos de forma lógica, es decir, Juanito se encargó de la más cercana a la orilla y Escassi de la más lejana, por ello mismo, anclada a más profundidad. Según el encargado de la parte más complicada de la prueba y el único que no logró llevar a tiempo su letra (la mitad de la letra A), esta se encontraba a unos seis metros. El caso es que a poco se ahoga el pobre Escassi (o “escasiseahoga”, como decía ayer aquí zgznica).

Sin recompensa alguna el grupo se quedó hundido. Daniela lloraba sin consuelo, a pesar de los intentos de Cuca, que no pierde ripio si se trata de mostrar su lado más santo. Nadie echó las culpas a Escassi, cuya responsabilidad era grande, dado lo complicado que debe ser desatar unos cuantos nudos a tal profundidad sin la ayuda de una botella de oxigeno. El pulmón de un ser humano nos da apenas para bajar hasta ahí. Lástima que Escassi le echara la culpa a Santi, comentando que cuando fue a ayudarle en lugar de desatar un nudo había tirado del cabo de la cuerda haciéndolo más fuerte. Estos dos me temo que bien, lo que se dice bien, no se van a llevar.

2 abril 2009 a las 9:20 por desdeelpalafito

Iván y Wilma, confirmación contra superación

Primer encontronazo serio en Cayo Paloma, con Wilma e Iván como protagonistas. La misión de ayer enviaba de nuevo a dos de ellos a Cayo Gallo, aunque en este caso para volver con las manos vacías, ya que allí encontraron un papiro que decía: “Hoy no hay nada para vosotros, podéis volver con vuestros compañeros”.

Los dos protagonistas tuvieron la discusión que se había aplazado el día anterior, cuando las chicas quedaron descontentas con la decisión de que asumieran la misión dos chicos. Entonces fue Daniela quien más protestó, por lo cual fue señalada para ir en esta ocasión. Con ella fue Begoña, y ambas demostraron que también son capaces de remar, tardando más o menos, lo cual es indiferente al no tener un tiempo fijado para completar la misión. Otra cosa es que la Blume se desmayara nada más llegar de nuevo a casa, protagonizando unas escenas muy peliculeras, con un Santi deslomado tras trasladarla a pulso, lo cual no pudo terminar de hacer Olfo.

El choque entre Iván y Wilma fue realmente el desencuentro entre dos concepciones de lo que supone este concurso y las motivaciones de cada uno. Iván solo parece concebir que cada uno confirme sus propias capacidades conocidas, limitándose a hacer aquello para lo que es capaz. Según este concursante, cada uno debe conocer sus límites, sin intentar sobrepasarlos nunca, razón por la cual todos deben hacer cosas que tienen acreditado ser capaces de llevar a cabo.

La concepción de Wilma es completamente contraria a la de su compañero. Ella se plantea esto como una experiencia de superación en la que comprobar hasta donde es cada uno capaz de llegar. Su espíritu es auténticamente aventurero, no en vano plantea aventurarse a intentarlo, dejando que la propia realidad demuestre la capacidad de cada uno. ¿Por qué no ponerse a prueba? En definitiva, lo que aquí viven no es comparable a nada que hayan experimentado antes, al menos la mayoría de ellos.

No puedo ocultar que simpatizo más con la postura de Wilma, además de parecerme la más apropiada para afrontar este concurso. Iván no es un superviviente, lo ha demostrado tirando la toalla al segundo día, lo cual es muy fuerte. No digo que sea un tramposo y llevase desde el principio la idea de abandonar tan pronto. Creo que es un buen tío y deseo que pueda irse a su casa cuanto antes, no en vano ahora mismo aporta al grupo mucho más Cuca que él. Pero tengo claro que no tiene mentalidad ninguna de superviviente.

Iván no quiere arriesgar, ni que nadie lo haga. No cree que deban experimentar, ponerse a prueba, vivir al límite midiendo sus capacidades una y otra vez porque no siempre el listón está puesto en el mismo sitio. Todo lo contrario que una Wilma valiente y aventurera, dispuesta a correr riesgos. No es esta una discusión sobre si son machistas o feministas, como podría parecer a simple vista. Se trata de algo más profundo, es una cuestión de estilos de vida, aunque en el fondo se reduce a estar o no preparado para esto.

En la discusión participaron pocos más aparte de los dos protagonistas señalados. Acaso Santi se atrevió a meter un poco baza y lo que hizo fue más bien meter la pata. El ex jugador de basket no fue capaz de ver que no se trata de una pueril lucha de sexos en la que decidir si deben asumir tareas físicas las chicas o los chicos. Aunque mirado de ese modo tampoco hay razón alguna para pensar que ellas no van a ser capaces de remar a Cayo Gallo de ida y vuelta, como realmente hicieron. El movimiento se demuestra andando, y las dos concursantes que asumieron la baldía misión de ayer pusieron en evidencia que pueden asumir responsabilidades como esa.

Las chicas de esta edición están muy capacitadas e incluso cuentan con alguna ventaja con respecto a otros. Con la excepción de Cuca, el resto son jóvenes y tienen una figura envidiable, lo cual se consigue con esfuerzo físico y dietas casi permanentes. Lo primero les ayuda a estar en forma, lo cual han demostrado sobradamente, ganando las primeras pruebas y mostrando una preparación increíble, especialmente Yolanda y Daniela. Lo segundo les ayuda a soportar la escasez de alimentos, una de las cosas que condiciona más duramente sus vidas.

“Algo extraño está pasando”, decía Matías desde su cómoda y monótona vida en Playa Uva. Pronunciaba estas palabras haciendo un descanso en la labor de abrir almendras con dos piedras, lo cual cada día hacen mejor y hasta podrían emplearse a su vuelta en una fábrica de turrones. En esos descansos es donde brilla Escassi, que cada día me está cayendo mejor. A este tío hay que mantenerle el mayor tiempo posible aquí, al menos de momento. Sus conjeturas sobre lo que estarán haciendo los demás son muy graciosas y ayer no quería ni pensar en que sus compañeros del grupo mayoritario estuvieran cumpliendo una misión a cambio de comida, no andando muy desencaminado.

Poco más se puede contar de la existencia diaria del matrimonio Escassi y Matías, como gusta de decir este último con esa muestra tan notable de positivismo continuo. Ambos esperan que llegue el juego de inmunidad, supongo que con nula intención de ganar en esta ocasión. En Cayo Paloma, por su parte, Cuca ha pisado una tea ardiendo y tiene una llaga importante en su pie derecho. Si antes hablo de la monja de las llagas…

Recomiendo a Cuca que a su salida se plantee una visita por San Juan a San Pedro Manrique, en la provincia de Soria. Allí los mozos cruzan las brasas en el llamado ‘Paso del Fuego’, a cuyo término solamente tienen un poco tiznadas las plantas de los pies, sin quemadura alguna. La técnica consiste en pisar fuerte y, a ser posible, con alguien subido a sus espaldas, principalmente los lugareños más delgados. Peso no le falta a Cuca, pero sí técnica para pisar las brasas encendidas sin quemarse.

Esta noche puede ser la última para Cuca, o quizá para Iván. Si hacemos caso a nuestra encuesta sería la primera quien tendría más posibilidades de ser expulsada. Independientemente de su perfil beato, de ir por libre muchas veces y de que sea algo odiosa casi siempre, considero injusto que en lugar de permanecer ella lo vaya a hacer Iván. Este ha demostrado ser un superviviente pésimo, y si se queda será solamente como una especie de castigo de una audiencia escamada ante concursantes deseosos de marcharse a las primeras de cambio.

1 abril 2009 a las 9:44 por desdeelpalafito

Azúcar

Les hacía falta algo de azúcar y lo tuvieron. La prueba de recompensa tenía como tal una bandeja de esas rosquillas que su inventor no puede llamar en España donuts porque es una marca registrada por Panificio Rivera Costafreda, más conocido como el señor Panrico, y que con ese nombre no podía dedicarse a otra cosa.

Hace varias décadas, el fabricante de pan y bollería industrial mencionado volvió de un viaje a USA con la idea de traer a España ese invento del bollo con un agujero en medio. Su imitación fue muy buena y hasta decidió llamarlo igual que lo habían hecho al otro lado del océano.

Cuando años más tarde los americanos vinieron a conquistar nuestro país se encontraron con la singular situación de tener que pagar royalties al fabricante español, razón por la cual suprimieron la palabra donut incluso del propio nombre de sus establecimientos.

Pues bien, cuatro de nuestros supervivientes tuvieron ocasión de interrumpir su estricta dieta compuesta en Cayo Paloma por pescado fresco (nunca mejor dicho) y cocos, o mucho más estricta (y monótona) aún en Playa Uva, consistente solo de almendras. Lástima que tuvieran que comerse las doce rosquillas (no volveré a llamarlas por su nombre comercial hasta que el señor Panificio envíe a este palafito una buena muestra de sus productos) en tiempo récord, sin apenas poder saborearlas.

Para el resto también hubo el aporte calórico necesario mediante una misión que encontró el grupo mayoritario al volver de la prueba. En este caso se trataba de un melón, deglutido más que degustado, aunque en este caso no tenían tiempo marcado para ello. Pero vayamos por partes, como diría Jack ‘el destripador’.

En el juego de recompensa habían de formar al azar tres grupos de tres componentes y uno más con los cuatro restantes. Cada grupo debía de hacer un circuito en el mar atados por la cintura y sin que los componentes de los otros grupos pudieran verles para no tener ventaja al poder analizar la mejor forma de hacerlo. En caso de caer al mar debían de volver desde el principio del tramo donde se encontrasen, y ganaría quien menos tiempo tardase en completarlo.

El primer grupo fue el formado por Cuca, Santi y Daniela. Le siguió el de Zúñiga, Juanito e Iván. Luego fueron Olfo, Begoña y Wilma (la única que cayó al mar). Para terminar con los últimos cuatro: Escassi, Yolanda, Ivonne y Matías.

El grupo más numeroso, lo cual en principio podría haber sido un obstáculo, fue el ganador de esta prueba, recibiendo la recompensa ya comentada. Resulta curioso que el matrimonio (como ellos mismos dicen) formado por Matías y Escassi coincidieran también a la hora de sacar el número cuatro en las tablillas que fueron cogiendo uno a uno. No solamente comen almendras juntos, y fracasan a la hora de intentar pescar juntos, sino que también pasan juntos pruebas como esta. De aquí puede salir una amistad para siempre, no en vano se dice que el roce hace el cariño. Aunque también del roce pueden terminar saliendo chispas, no olvidemos que estamos hablando de los dos gallos del corral.

Otro gallo fue protagonista de la misión que encontraron en Cayo Paloma a su regreso. Se trataba de remar dos de los supervivientes en un cayuco hasta a Cayo Gallo, donde encontrarían una caja con algo de comida, pudiendo comérselo allí los dos o transportando de vuelta la caja para compartirlo con el grupo. Decidieron esto último, sin llegar a despejar el riesgo de volcar el cayuco y quedarse sin comida hasta llegar a Cayo Paloma, ya que prefirieron no abrir la caja hasta entonces. No hubiera pasado nada porque no contenía un delicado pastel sino un sabroso melón caribeño.

Los dos elegidos para completar esta misión fueron Santi y Olfo, los chicos altos y activos del grupo. Esto sembró el malestar entre algunas de las chicas, especialmente en Daniela. Cuca fue quien se adelantó a designarles, sin oposición en ese momento por parte de nadie. Daniela se intentó camelar a Santi, posiblemente pretendiendo que este defendiera la idea de ir a Cayo Gallo con ella. No quiero ni pensar (bueno, sí quiero, pero quizá debo disimularlo) los planes que podría hacer la bella Blume ante la perspectiva de ese rato de privacidad. Si hubiera sido Escassi tentado con ir a la isla en compañía de una mujer como esta otro gallo nos hubiera cantado (sé que es un chiste fácil, pero no me he podido resistir).

Los lamentos posteriores son vanos y solo sirven para descargar la rabia interior. Quiero decir que no habría estado de más que Daniela se hubiera opuesto a la decisión en el momento oportuno, en lugar de contar a las cámaras y algunas de sus compañeras la frustración ante lo que ella considera producto de cierto machismo (y probablemente lo sea). Creo que a ella le gusta provocar (su gimnasia de contorsionismo con las piernas es muy sexual y denota gran exhibicionismo) pero también quedar bien con todo el mundo. O sea, que gusta de nadar y guardar la ropa, por así decirlo.

Dejo para el final de esta palafitera nota lo de la imagen que la acompaña. Juanito es el superviviente más querido de esta edición, me atrevo a decir que tanto por sus compañeros como entre la audiencia. Es entrañable y el hombre hace su aportación con objeto de no convertirse en un lastre para el grupo. No todos tienen que pescar y ser atléticos tarzanes. Nuestro ‘golo’ da masajes, canta y alegra al grupo muchas veces, además de haber hecho un papel más que digno en la prueba de recompensa que he contado hoy. Pero una cosa negativa debo decir de él: como siga masacrando el pelo de las concursantes terminará consiguiendo la enemistad de ellas y la mía propia (como decían los payasos).

Lo que se puede ver en la foto no es Cuca reconvertida en una nueva bruja Lola, sino un momento del proceso por el que terminó con un corte de pelo mucho peor que aquel con el cual llegó a Cayos Cochinos hace un par de semanas. Prefiero la de siempre antes que a esta Cuca deconstruida y (todo sea dicho) algo monstruosa. Lo mismo ha pasado con Daniela. Por favor, qué pare ya. Escassi, Olfo, no os pongáis en sus manos, ¡por humanidad!