7 abril 2009 a las 9:58 por desdeelpalafito

Matías duda de la existencia de la barracuda

Menos mal que Escassi terminó viendo a la barracuda, porque Matías había empezado a dudar de su existencia. Se llegó a plantear lo que llevamos aquí diciendo desde hace bastantes días, que realmente se trate de un pez-cyborg comandado por ‘la organización’ del programa. Finalmente, Yolanda les alertó con un grito desgarrador de que estaba a la vista. No conviene asustar a la presa antes de pescarla, y con gritos como ese aún no entiendo como la barracuda no huyó ipso facto.

Lástima que el argentino no estuviera en ese momento, lo cual tampoco llego a entender porque la isla es casi tan pequeña como el piso en el que vivo. Para esconderse en Cayo Paloma hay que enterrarse a varios pies bajo tierra, o perderse en alta mar. El caso es que solo Escassi la avistó e intento pescarla, sin que ni siquiera llegara a morder su anzuelo.

Recordemos que otros años la muy espabilada se llevaba el cebo y en ocasiones hasta el anzuelo y medio metro de sedal, que aún siendo de especial grosor para resistir las embestidas de peces como este no resistía los arrebatos violentos de nuestra amiga. Yo creo que la barracuda es anti-realitys, o bien se trata de un crítico de televisión disfrazado que se divierte fastidiando a los concursantes de Supervivientes cada año. Aunque en este caso iría dejando el rastro sanguinolento de algún presentador, o un artículo inacabado en el que se hablara de la crisis de Telecinco.

A Escassi no le amedrentó la escurridiza barracuda, lo cual no pueden decir todos en Cayos Cochinos. Aún recuerdo como hace unos días tanto Santi como Olfo parecían aterrorizados por la presencia del pacífico animalito. El pijo-jinete no se arredra fácilmente, y ayer se fabricó una súper caña de pescar. Una caña que es la caña, sí señor. Al final tendré que rendirme ante lo versátil y perfecto que parece este concursante. Pero todavía no lo haré, me voy a ir resistiendo unos pocos meses todavía.

A mí más que darme miedo un pez me lo pueden dar otras cosas. Por ejemplo, me puede producir horribles pesadillas ver a Juanito ‘Golosina’ embadurnado de crema solar. Eso sí que da miedo. O si fuera Escassi me echaría a temblar ver a Olfo afilando una rama. Parece que sigue con la idea de matar a la barracuda como si fuera un san Sebastián, asaeteándola con su mortal sagita. Aunque hablando de miedo, nada como esa cabeza de pez separada de su cuerpo a manos de la killer-Cuca (ella siempre le pide educadamente perdón al pez finado en el momento preciso del ajusticiamiento), que conserva durante un rato ciertas trazas de vida, mordiendo el dedo a la muy mordible Daniela y hasta apresando con su boca la navaja multiuso de Juan (momento que recoge la imagen).

Daniela todavía está que muerde, mucho más que esa juguetona cabeza de pez muerto. La concursante catalana se muerde la propia lengua cada vez que piensa en las últimas nominaciones, cualquier cosa con tal de no poner a parir a sus compañeras, siguiendo su impulso vengativo. La secuencia en la que habla con Yolanda y Begoña es total. Mientras que la primera le aguanta la conversación vemos a la otra buscando desesperadamente con la mirada a alguien que la pueda salvar de esa situación. Por fin, encuentra a Escassi, a quien se dirige a gritos levantándose como un resorte para hablar con él. Esta muchacha parece un poco pusilánime, aparte de ser una de las concursantes que está pasando más inadvertida. O Begoña hace algo pronto o ni notaremos su presencia, lo cual vale igualmente para la propia Yolanda, y casi para Ivonne, cuyo presunto comienzo de romance con Olfo será abortado el próximo jueves, si los santos garífunas no lo impiden.

De momento el protagonismo se lo está llevando casi todo Daniela, y si acaso una Cuca confesora que aplica a cada momento esa filosofía de mercadillo (del mercadillo que atienden las pijas de la alta sociedad en navidades, me refiero), a menudo trufada de frases tan vacuas como poco meditadas. Ahora que hablo de los garífunas, Cuca sí que parece sincretista. El sincretismo es la religión que practican aquí, si bien es casi una no religión, o el megamix de las religiones. No en vano se trata de un intento por conciliar doctrinas distintas, con uniones que no guardan una coherencia sustancial. Lo dicho, la sincretista Cuca es religión y falta de coherencia a un tiempo.

A pesar de esto que digo, Cuca me está ganando día a día. Cierto que sus consejos parecen improvisados, además de serlo, y bastante poco meditados. Cansa que a cada rato adopte ese rol de madre-amiga-comprensiva-y-tolerante. Además de siempre divina. Pero veo útiles sus poco meditados consejos. En todo caso, mucho mejor esto que permanecer callado cuando alguien cuenta su problema. Cuca ha sido de las pocas, por ejemplo, que se ha interesado por la otitis de Daniela, ofreciéndose a echarle las gotas que le suministró el médico en su última visita a Cayo Paloma.

Donde reina la paz de los cementerios es en Cayo Cabeza de León, lugar en el que Santi sigue buscando bandejas para fabricar sus salinas. De momento solo lleva encontradas dos, y teniendo en cuenta que después tiene que llenarlas con una lámina de agua y esperar que el sol produzca el milagro de la evaporación y aparición de la sal, yo diría que no llegará a tiempo. No se está dando un mal rato este falso vasco (pasó parte de su carrera deportiva en el País Vasco pero es de origen catalán). Busca bandejas despacio, pesca despacio, come despacio, y hasta parece estarse deprimiendo poco a poco.

El momento estrella del resumen ofrecido ayer fue cuando Daniela se pone interesante preguntándole a Escassi si es cierto que se le susurra a los caballos. En la respuesta vemos que o no le apetece nada mantener una conversación algo profunda o simplemente no acostumbra a hacerlo. Aunque nada como esa estampa de Olfo intentando hacer fuego con un preservativo inflado y relleno con un poco de agua. Y alguna pensando en un mejor uso posible para la herramienta de Olfo. El condón, me refiero.

25 marzo 2009 a las 8:14 por desdeelpalafito

Un poco de oxígeno para Juanito

Juan ‘el golosina’ necesitó ayuda mecánica para recuperarse del esfuerzo al que se vio sometido durante la primera prueba de recompensa. A esa prueba asistían solamente seis chicas y seis chicos, ya que los médicos no recomendaron la participación de Wilma e Iván. Ambos volvían a sus respectivas islas un día más tarde de haber salido para visitar la consulta del médico, y lo hacían en horas cercanas al desarrollo de dicha prueba. La ‘Playmate’ justo en el tiempo que sus compañeras habían abandonado Cayo Timón, y el ex-triunfito poco más tarde.

Wilma fue recibida con el grito de su nombre a modo de saludo, lo cual me recordó uno de los memorables momentos de la serie de animación Los Picapiedra. Me refiero a ese “Wilmaaaaa, ábreme la puerta”, que los padres de la criatura deberían haber tenido presente a la hora de decidir el nombre de su hija. La muchacha está fantástica por fuera, aunque no parece estar tan bien por dentro, ya que ha vuelto a la isla con un tratamiento médico de seis días. Todo esto hizo que los dos enfermos se perdieran la prueba y su recompensa, que en este caso era precisamente de tipo gastronómico.

El esquema de la prueba era similar a la que vimos en la primera gala. Los dos grupos tenían que buscar unas piezas dispuestas en distintas localizaciones cerca de unas preciosas cascadas para más tarde componer el Tangram propuesto. Cada uno de los siete tams (cinco triángulos, un cuadrado y un paralelogramo romboide) de que se compone el tablero debía ir a encontrarlo uno de los concursantes, si bien la ausencia de uno de ellos en ambos equipos hizo que el último fuera rescatado por los más atléticos.

Independientemente de que fueran las chicas quienes más piezas colocaron bien en el tablero, labor que debían hacer colgados de un cable boca abajo y sujetándose por medio de unos extraños artilugios que se colocaron en la parte baja de sus tibias, lo cierto es que si destacó alguien durante la prueba esa fue Yolanda. Su estado de forma y la entrega que demostró en todo momento son admirables, lo cual la sitúa en un lugar destacado como candidata a ser una extraordinaria superviviente.

A Juanito le ayudaron entre todos, en este caso fundamentalmente Roberto. Casi estuvo a punto de ocurrir una desgracia ya que, como explicaría más tarde el propio afectado, en el momento que las fuerzas le comenzaron a flaquear se le olvidó todo lo aprendido en el último mes y medio sobre la natación, y casi se nos va al fondo del océano. Para recuperar la anaerobia le proporcionaron una máscara de oxígeno con la que consiguieron recuperarle en apenas unos minutos.

Es sorprendente que alguien se plantee siquiera ir a Supervivientes sin saber nadar. El golosina no se paró en barras y decidió corregir ese pequeño fallo asistiendo a un cursillo de emergencia. Cierto es que lo de nadar no se olvida nunca, como se dice de montar en bici, pero para ello hace falta haber aprendido bien. En poco más de cuarenta días y con la edad de Juanito (por no hablar de su deficiente forma física) apenas se puede aprender a defenderse en el agua, diría que perderle el miedo y poco más. Por eso me alucina lo de este concursante, probablemente una mezcla de audacia e inconsciencia, no sé en que proporciones.

El equipo ganador (de nuevo las chicas) tenía el privilegio doble de poder elegir a ciegas una de las cajas de comida, sabiendo que una de ellas se trataba de un alimento nutritivo (pero se sugería que quizá no muy apetitoso) y la otra un festín para los sentidos. La otra parte de la ventaja que les otorgaba haber ganado la prueba era que podían llevarse la caja y degustar su comida con toda la pausa que desearan y fueran capaces, mientras que los ganadores tendrían que comer a toda prisa.

La caja negra (como la de los aviones) contenía lengua estofada, y fue elegida por chicas. Los chicos tenían, por tanto, que contentarse con la caja blanca y las cigalas y langostas que encerraba. Comieron a carrillos llenos, especialmente un Juanito que afirmaba más tarde: “No pensé que fuera a comer así en pleno siglo XXI”. Pues sí, el hambre es muy malo, ya es sabido. En el otro lado, Mayte afirmaba que con las dos lenguas es posible que tuvieran para aguantar la escasez de comida durante unos cinco días, y lo cierto es que además tenían un aspecto bastante apetitoso.

Esta prueba de recompensa tuvo otro premio consistente en el reencuentro entre chicos y chicas. Algunos de ellos parecen a veces adolescentes en celo, como es el caso del señorito Álvaro Escassi diciendo: “Vamos a ver a las chicas”. Parecía relamerse mientras lo decía, y lo cierto es que cuando se encontraron algunos aprovecharon para apretarse con un cariño más que evidente. No me extraña esto que cuento, ya que basta con ver el grupo formado por Daniela, Ivonne y Begoña saliendo del agua atendiendo a la poco enérgica petición de Cuca (les esperaban para transportarlas hasta la prueba) para entender la fascinación de ellos.

Solo un par de apuntes más sobre lo visto el día que relato. El escenario de la prueba fue decorado con los colores de la bandera garífula (me sigue sonando a coña), que son el blanco, el amarillo y el negro. Si excluimos este último, los otros coinciden con la bandera de la Ciudad del Vaticano, por lo cual me imagino a Cuca estremecida ante ese panorama de inspiración pía.

Por otro lado, o este cronista no está prestando mucha atención, o siempre veo a la más veterana del grupo en tierra mientras todas las demás pescan. Es como si estuvieran pescando para ella, yo mucho me equivoco o llegará el momento en que se den cuenta de que las está tratando un poco como si fueran sus criadas. Me gustaría saber cuándo fue la última vez que Cuca fue a un supermercado a hacer la compra. Me temo que manda al servicio a hacer tan ingrata labor.

Y termino con una aclaración necesaria. Leí ayer entre nuestros comentarios que se hablaba de unas supuestas cerillas en poder del grupo de las chicas. Pues bien, un oído poco fino hizo hubiera quien equivocase algunos términos. Se dice que ellas mismas habrían contado que tenían en su poder “siete cerillas acorchadas”, no sin cierta extrañeza al no saber exactamente de qué se trataba eso de “acorchadas”. Lo que realmente contaron es que entre las partes del kit de superviviencia que no tuvieron que arrojar al mar había al menos “siete esterillas acolchadas”. A veces hay que afinar un poco el oído para no llevarse a error.