2 abril 2009 a las 9:20 por desdeelpalafito

Iván y Wilma, confirmación contra superación

Primer encontronazo serio en Cayo Paloma, con Wilma e Iván como protagonistas. La misión de ayer enviaba de nuevo a dos de ellos a Cayo Gallo, aunque en este caso para volver con las manos vacías, ya que allí encontraron un papiro que decía: “Hoy no hay nada para vosotros, podéis volver con vuestros compañeros”.

Los dos protagonistas tuvieron la discusión que se había aplazado el día anterior, cuando las chicas quedaron descontentas con la decisión de que asumieran la misión dos chicos. Entonces fue Daniela quien más protestó, por lo cual fue señalada para ir en esta ocasión. Con ella fue Begoña, y ambas demostraron que también son capaces de remar, tardando más o menos, lo cual es indiferente al no tener un tiempo fijado para completar la misión. Otra cosa es que la Blume se desmayara nada más llegar de nuevo a casa, protagonizando unas escenas muy peliculeras, con un Santi deslomado tras trasladarla a pulso, lo cual no pudo terminar de hacer Olfo.

El choque entre Iván y Wilma fue realmente el desencuentro entre dos concepciones de lo que supone este concurso y las motivaciones de cada uno. Iván solo parece concebir que cada uno confirme sus propias capacidades conocidas, limitándose a hacer aquello para lo que es capaz. Según este concursante, cada uno debe conocer sus límites, sin intentar sobrepasarlos nunca, razón por la cual todos deben hacer cosas que tienen acreditado ser capaces de llevar a cabo.

La concepción de Wilma es completamente contraria a la de su compañero. Ella se plantea esto como una experiencia de superación en la que comprobar hasta donde es cada uno capaz de llegar. Su espíritu es auténticamente aventurero, no en vano plantea aventurarse a intentarlo, dejando que la propia realidad demuestre la capacidad de cada uno. ¿Por qué no ponerse a prueba? En definitiva, lo que aquí viven no es comparable a nada que hayan experimentado antes, al menos la mayoría de ellos.

No puedo ocultar que simpatizo más con la postura de Wilma, además de parecerme la más apropiada para afrontar este concurso. Iván no es un superviviente, lo ha demostrado tirando la toalla al segundo día, lo cual es muy fuerte. No digo que sea un tramposo y llevase desde el principio la idea de abandonar tan pronto. Creo que es un buen tío y deseo que pueda irse a su casa cuanto antes, no en vano ahora mismo aporta al grupo mucho más Cuca que él. Pero tengo claro que no tiene mentalidad ninguna de superviviente.

Iván no quiere arriesgar, ni que nadie lo haga. No cree que deban experimentar, ponerse a prueba, vivir al límite midiendo sus capacidades una y otra vez porque no siempre el listón está puesto en el mismo sitio. Todo lo contrario que una Wilma valiente y aventurera, dispuesta a correr riesgos. No es esta una discusión sobre si son machistas o feministas, como podría parecer a simple vista. Se trata de algo más profundo, es una cuestión de estilos de vida, aunque en el fondo se reduce a estar o no preparado para esto.

En la discusión participaron pocos más aparte de los dos protagonistas señalados. Acaso Santi se atrevió a meter un poco baza y lo que hizo fue más bien meter la pata. El ex jugador de basket no fue capaz de ver que no se trata de una pueril lucha de sexos en la que decidir si deben asumir tareas físicas las chicas o los chicos. Aunque mirado de ese modo tampoco hay razón alguna para pensar que ellas no van a ser capaces de remar a Cayo Gallo de ida y vuelta, como realmente hicieron. El movimiento se demuestra andando, y las dos concursantes que asumieron la baldía misión de ayer pusieron en evidencia que pueden asumir responsabilidades como esa.

Las chicas de esta edición están muy capacitadas e incluso cuentan con alguna ventaja con respecto a otros. Con la excepción de Cuca, el resto son jóvenes y tienen una figura envidiable, lo cual se consigue con esfuerzo físico y dietas casi permanentes. Lo primero les ayuda a estar en forma, lo cual han demostrado sobradamente, ganando las primeras pruebas y mostrando una preparación increíble, especialmente Yolanda y Daniela. Lo segundo les ayuda a soportar la escasez de alimentos, una de las cosas que condiciona más duramente sus vidas.

“Algo extraño está pasando”, decía Matías desde su cómoda y monótona vida en Playa Uva. Pronunciaba estas palabras haciendo un descanso en la labor de abrir almendras con dos piedras, lo cual cada día hacen mejor y hasta podrían emplearse a su vuelta en una fábrica de turrones. En esos descansos es donde brilla Escassi, que cada día me está cayendo mejor. A este tío hay que mantenerle el mayor tiempo posible aquí, al menos de momento. Sus conjeturas sobre lo que estarán haciendo los demás son muy graciosas y ayer no quería ni pensar en que sus compañeros del grupo mayoritario estuvieran cumpliendo una misión a cambio de comida, no andando muy desencaminado.

Poco más se puede contar de la existencia diaria del matrimonio Escassi y Matías, como gusta de decir este último con esa muestra tan notable de positivismo continuo. Ambos esperan que llegue el juego de inmunidad, supongo que con nula intención de ganar en esta ocasión. En Cayo Paloma, por su parte, Cuca ha pisado una tea ardiendo y tiene una llaga importante en su pie derecho. Si antes hablo de la monja de las llagas…

Recomiendo a Cuca que a su salida se plantee una visita por San Juan a San Pedro Manrique, en la provincia de Soria. Allí los mozos cruzan las brasas en el llamado ‘Paso del Fuego’, a cuyo término solamente tienen un poco tiznadas las plantas de los pies, sin quemadura alguna. La técnica consiste en pisar fuerte y, a ser posible, con alguien subido a sus espaldas, principalmente los lugareños más delgados. Peso no le falta a Cuca, pero sí técnica para pisar las brasas encendidas sin quemarse.

Esta noche puede ser la última para Cuca, o quizá para Iván. Si hacemos caso a nuestra encuesta sería la primera quien tendría más posibilidades de ser expulsada. Independientemente de su perfil beato, de ir por libre muchas veces y de que sea algo odiosa casi siempre, considero injusto que en lugar de permanecer ella lo vaya a hacer Iván. Este ha demostrado ser un superviviente pésimo, y si se queda será solamente como una especie de castigo de una audiencia escamada ante concursantes deseosos de marcharse a las primeras de cambio.

1 abril 2009 a las 9:44 por desdeelpalafito

Azúcar

Les hacía falta algo de azúcar y lo tuvieron. La prueba de recompensa tenía como tal una bandeja de esas rosquillas que su inventor no puede llamar en España donuts porque es una marca registrada por Panificio Rivera Costafreda, más conocido como el señor Panrico, y que con ese nombre no podía dedicarse a otra cosa.

Hace varias décadas, el fabricante de pan y bollería industrial mencionado volvió de un viaje a USA con la idea de traer a España ese invento del bollo con un agujero en medio. Su imitación fue muy buena y hasta decidió llamarlo igual que lo habían hecho al otro lado del océano.

Cuando años más tarde los americanos vinieron a conquistar nuestro país se encontraron con la singular situación de tener que pagar royalties al fabricante español, razón por la cual suprimieron la palabra donut incluso del propio nombre de sus establecimientos.

Pues bien, cuatro de nuestros supervivientes tuvieron ocasión de interrumpir su estricta dieta compuesta en Cayo Paloma por pescado fresco (nunca mejor dicho) y cocos, o mucho más estricta (y monótona) aún en Playa Uva, consistente solo de almendras. Lástima que tuvieran que comerse las doce rosquillas (no volveré a llamarlas por su nombre comercial hasta que el señor Panificio envíe a este palafito una buena muestra de sus productos) en tiempo récord, sin apenas poder saborearlas.

Para el resto también hubo el aporte calórico necesario mediante una misión que encontró el grupo mayoritario al volver de la prueba. En este caso se trataba de un melón, deglutido más que degustado, aunque en este caso no tenían tiempo marcado para ello. Pero vayamos por partes, como diría Jack ‘el destripador’.

En el juego de recompensa habían de formar al azar tres grupos de tres componentes y uno más con los cuatro restantes. Cada grupo debía de hacer un circuito en el mar atados por la cintura y sin que los componentes de los otros grupos pudieran verles para no tener ventaja al poder analizar la mejor forma de hacerlo. En caso de caer al mar debían de volver desde el principio del tramo donde se encontrasen, y ganaría quien menos tiempo tardase en completarlo.

El primer grupo fue el formado por Cuca, Santi y Daniela. Le siguió el de Zúñiga, Juanito e Iván. Luego fueron Olfo, Begoña y Wilma (la única que cayó al mar). Para terminar con los últimos cuatro: Escassi, Yolanda, Ivonne y Matías.

El grupo más numeroso, lo cual en principio podría haber sido un obstáculo, fue el ganador de esta prueba, recibiendo la recompensa ya comentada. Resulta curioso que el matrimonio (como ellos mismos dicen) formado por Matías y Escassi coincidieran también a la hora de sacar el número cuatro en las tablillas que fueron cogiendo uno a uno. No solamente comen almendras juntos, y fracasan a la hora de intentar pescar juntos, sino que también pasan juntos pruebas como esta. De aquí puede salir una amistad para siempre, no en vano se dice que el roce hace el cariño. Aunque también del roce pueden terminar saliendo chispas, no olvidemos que estamos hablando de los dos gallos del corral.

Otro gallo fue protagonista de la misión que encontraron en Cayo Paloma a su regreso. Se trataba de remar dos de los supervivientes en un cayuco hasta a Cayo Gallo, donde encontrarían una caja con algo de comida, pudiendo comérselo allí los dos o transportando de vuelta la caja para compartirlo con el grupo. Decidieron esto último, sin llegar a despejar el riesgo de volcar el cayuco y quedarse sin comida hasta llegar a Cayo Paloma, ya que prefirieron no abrir la caja hasta entonces. No hubiera pasado nada porque no contenía un delicado pastel sino un sabroso melón caribeño.

Los dos elegidos para completar esta misión fueron Santi y Olfo, los chicos altos y activos del grupo. Esto sembró el malestar entre algunas de las chicas, especialmente en Daniela. Cuca fue quien se adelantó a designarles, sin oposición en ese momento por parte de nadie. Daniela se intentó camelar a Santi, posiblemente pretendiendo que este defendiera la idea de ir a Cayo Gallo con ella. No quiero ni pensar (bueno, sí quiero, pero quizá debo disimularlo) los planes que podría hacer la bella Blume ante la perspectiva de ese rato de privacidad. Si hubiera sido Escassi tentado con ir a la isla en compañía de una mujer como esta otro gallo nos hubiera cantado (sé que es un chiste fácil, pero no me he podido resistir).

Los lamentos posteriores son vanos y solo sirven para descargar la rabia interior. Quiero decir que no habría estado de más que Daniela se hubiera opuesto a la decisión en el momento oportuno, en lugar de contar a las cámaras y algunas de sus compañeras la frustración ante lo que ella considera producto de cierto machismo (y probablemente lo sea). Creo que a ella le gusta provocar (su gimnasia de contorsionismo con las piernas es muy sexual y denota gran exhibicionismo) pero también quedar bien con todo el mundo. O sea, que gusta de nadar y guardar la ropa, por así decirlo.

Dejo para el final de esta palafitera nota lo de la imagen que la acompaña. Juanito es el superviviente más querido de esta edición, me atrevo a decir que tanto por sus compañeros como entre la audiencia. Es entrañable y el hombre hace su aportación con objeto de no convertirse en un lastre para el grupo. No todos tienen que pescar y ser atléticos tarzanes. Nuestro ‘golo’ da masajes, canta y alegra al grupo muchas veces, además de haber hecho un papel más que digno en la prueba de recompensa que he contado hoy. Pero una cosa negativa debo decir de él: como siga masacrando el pelo de las concursantes terminará consiguiendo la enemistad de ellas y la mía propia (como decían los payasos).

Lo que se puede ver en la foto no es Cuca reconvertida en una nueva bruja Lola, sino un momento del proceso por el que terminó con un corte de pelo mucho peor que aquel con el cual llegó a Cayos Cochinos hace un par de semanas. Prefiero la de siempre antes que a esta Cuca deconstruida y (todo sea dicho) algo monstruosa. Lo mismo ha pasado con Daniela. Por favor, qué pare ya. Escassi, Olfo, no os pongáis en sus manos, ¡por humanidad!

31 marzo 2009 a las 8:19 por desdeelpalafito

Y apareció la barracuda

En Cayo Paloma tienen cocos, tienen pesca, tienen fuego para cocinar y hasta tienen una barracuda, que ha hecho ya su aparición estelar. En Playa Uva solo tienen almendras.

O ‘la organización’ (como dice Jesús Vázquez) se inventa algo o el panorama que se plantea viene a ser ver al líder y su principal competidor pelando almendras y maldiciendo su suerte. Posiblemente Escassi no se ha dado cuenta de que la de Matías está ligada a la propia por su decisión de que fuera quien le acompañase en ese exilio cercano.

Álvaro Escassi va desgranando sus perlitas de inigualable valor, al tiempo que mira (casi sin parpadear) la otra isla, observando si hay fuego o no y haciendo todo tipo de conjeturas, a cual más maledicente hacia sus compañeros.

Sin ir más lejos, ayer le escuchábamos decir cosas como estas:

“Esa gente ni habrán encendido fuego ni habrán comido nada en todo el día”.

“¿Han quemado toda la leña?… tanto fuego”.

Aunque la más significativa es esta tremenda frase, pronunciada con un acento argentino tan evidente como increíble:

“Qué desorden tiene que haber allí”.

De forma que el señorito jinete se considera imprescindible para el grupo y piensa que sin su presencia los otros ni harán fuego (y si lo hacen se quedarán sin leña en seguida), ni pescarán (y, por tanto, se quedarán sin comer), aparte de reinar el desorden y la anarquía. No sé como pudieron sobrevivir los concursantes de ediciones anteriores sin el concurso de este súper hombre, este Robinson Crusoe sobrevivido, un auténtico salvador, faro y guía que marca los pasos de un grupo de hombres y mujeres desolados sin su presencia. Pero qué mezquinos pueden llegar a ser a veces los salvadoritos estos.

Si al tremendismo de sus frases (por las cuales vemos que considera a sus compañeros como unos inútiles), le añadimos que están dichas con esos ojos tan claros abiertos al máximo y, como digo, sin apenas pestañear, este Escassi llega a dar un poco de miedo. Yo creo que Matías le sigue un poco la corriente porque en sus peores pesadillas se le ha presentado un Escassi de mirada turbadora, con una piedra en la mano a punto de lanzarla sobre su cabeza como si fuera una almedra más.

En todo caso, el castigo infligido al líder es ciertamente algo cruel. Si ser líder consiste en ser recluido en una playa sin fuego y donde no hay apenas pesca creo que a partir de ahora pocos van a querer ser portadores de ese collar que apenas da el privilegio de la inmunidad. En otras ocasiones era el líder quien señalaba quien debería ir al Palafito (“mi Palafito”), en lugar de ir él. Lo peor es que ni siquiera les han proporcionado sus pertenencias, por lo cual no disponen de calzado adecuado para probar la pesca en las zonas de rocas, adentrándose un poco en el mar. La dieta de almendras les proporcionará el aporte calórico necesario pero les va a aburrir mortalmente.

Entre el grupo mayoritario la situación es bien distinta y allí cada uno empieza a tener alguna función de utilidad, por extraña que parezca. Iván es el catador oficial de cocos, siendo quien da su aprobación para que los demás prueben su néctar antes de comer su jugosa carne. Cuca sigue siendo la matadora del grupo, utilizando sus afiladas garras para ello. De no ser porque es presumible su marcha esta semana, a esta concursante le seguirían creciendo las uñas de forma auténticamente peligrosa. Juan y Daniela se reparten los ‘masajes a mil’, como dice el ‘golo’.

Por su parte, Santi sigue tirando la caña (y no estoy hablando de los apeos de pesca), labor en la que se ha encontrado con el competidor Olfo. A este le veo crecido desde el exilio de Matías y Escassi, aunque se refiera a este último como si fuera un dios, algo que llenaría de satisfacción al líder. Ni Santi ni Olfo tienen carácter ni personalidad suficiente para disputar el liderazgo de facto a los exiliados. Si a esto le sumamos que completan el cuadro masculino Iván y Juanito, la testosterona parece a día de hoy concentrada en Playa Uva.

Si al menos Cuca fuera la de los primeros días, tendríamos algo de testiculina en Cayo Paloma, pero como está nominada se ha convertido en monjita benéfica y conciliadora, sirviendo agua potable en vasos fabricados con medio coco, o preparando ese caldo de pescado extremadamente salado al tener que usar agua de mar.

Lo que no les falta en el cayo es compañía. Termitas en árboles enfermos, ermitaños que salen en cuanto se levantan unas ramas del suelo, o cangrejos que aparecen amenazantes en el lugar más inesperado. Wilma, por su parte, está entre Cuca y los animales. Lo digo porque se sigue clavando cosas en las manos, lo cual le acerca a la monja de las llagas (rollo beato, que tanto le gusta a la Vinuesa) al tiempo que nos muestra que es un poquito animal. Un animal muy bello, eso sí.