15 mayo 2009 a las 15:33 por cuandokarlaencontroaivan

Un poco de humor

Como ya estamos en fin de semana, propongo que nos tomemos las cosas con humor. Much@s saldremos alguna noche del finde y es muy posible que pasemos alguna situación divertida. Recuerdo haber visto un monólogo divertidísimo sobre las mujeres y el baño que os expongo a continuación y me gustaría que cada uno de nosotros aportara algún texto gracioso (sea de propia autoría o no).

Es fin de semana y toca reírse. ¡Ánimo!

*****

¿POR QUÉ LAS MUJERES VAMOS JUNTAS AL BAÑO?

¡Uf! Vengo agotada, es que ayer salí de juerga. Algo que por muy divertido que parezca se convierte en toda una odisea.

Para empezar llegas a la discoteca de siempre con tus amigos de siempre para encontrarte; con lo de siempre. Hasta la música, es la de siempre.

Entre la gente que ves hay de todo un poco: Tenemos al típico que se dedica a buscar las monedas que se te caen por la noche, al que se ha tragado la última película de Travolta y la de Fama e intenta por todos los medios imitarla, y peor aun al espécimen que se sienta en los sofás (más aburrido que la repetición de Médico de Familia) y que cuando le miran pone una cara de diversión total.

Entonces visto lo visto te vas a la barra a ver si el camarero tiene algo interesante y ligas un poco. Porque es patético como ligan los hombres en los bares… De entrada se acercan a ti diciéndote:

-Oye perdona.

Perdona por qué? Qué se les pasa por la cabeza que ya te están pidiendo perdón? Y bueno tenemos de todo ¿eh? El divorciado que se te acerca

–Estoy muy solo, mi mujer me ha dejado.

Lo que te faltaba a ti ¿qué pasa que tienes cara de ONG? Ahora, cuando te giras ves a un tío guapo, alto, cachas que te clava su mirada. Y te sonríe. Y le sonríes. Y te guiña un ojo. Y tu sonríes. Y viene hacía aquí.

-Perdona

-siiii

-Me presentas a tu amiga?

¡Genial! La noche va genial.

Así que como soy muy filosófica, quisiera aclararles a los hombres esa pregunta que no les deja dormir por las noches ¿Por qué las mujeres vamos juntas al baño?

Como tu amiga se ha ido con el guaperas, no tienes otro remedio que ir tu sola. Y vas allí cruzando todo el bar como si fueras por la selva (porque todo el mundo sabe que los baños siempre están al fondo).

Cuando por fin llegas te encuentras una cola de unas cinco personas y comienzas a bailar de una forma un tanto extraña, primero para no aburrirte y segundo para que no se te escape el pipí. Y siempre esta la típica que tiene ganas de hablar. Y a mí que me importa con quién has venido.

Bueno, por fin llegas y cuando estás dentro lo primero que ves es una charca de agua, llamémoslo así, con un juguillo de pisadas.

Primer problema: ¿dónde dejas el bolso? Como no ha venido nadie contigo pues te lo cuelgas al cuello.

Segundo: El abrigo. Este invierno se llevan los abrigos largos, porque no están pensados para las meonas nocturnas. Los hay de dos tipos: Si es de los de pico al final lo tienes fácil porque metes la cabeza entre los picos y listo. Pero ¿y si no tiene?. Bueno, como eres una mujer con recursos te lo pones de bufanda.

Tercero: la puerta. Nunca tiene pestillo. Tú necesitas intimidad así que apoyas la cabeza para que no entre nadie.

Y allí estas tu con tu abrigo, el bolso al cuello y la cabeza apoyada en la puerta. Pues no te sale el chorrillo claro con tanto trajín! Recurres al viejo truco de abrir el grifo, pero…está fuera! venga a ver si te atreves a salir! Al final creas tu propio sonido…¡ y se apaga la luz que también está fuera!

Encima no hay papel a si que metes la mano en el bolso como puedes para coger el klinex. Total que te has manchado y te has puesto perdida. Así que queridos míos no preguntéis más porque las mujeres vamos juntas al baño.

Muchas gracias a quien escribió este fantástico texto (cuya autoría desconozco) y a vosotros por seguir compartiendo este espacio.

Carla.-

Os agradecería que propusierais temas que os interesen a través del correo electrónico: ivanistas@telefonica.net

4 mayo 2009 a las 15:53 por cuandokarlaencontroaivan

A vueltas con el transporte

El tema de hoy ha sido propuesto por AbducidaGH10. Muchas gracias, preciosa.

Antes todo el mundo podía comprarse un coche. Hoy tienes que tener mucho dinero para adquirir y mantener un automóvil. Primero los plazos (allí es cuando la financiera se hace de oro y tu pagas un panda a precio de BMV), pero claro no todos disponemos de más de 6000 euros para pagar el coche más sencillo del mercado al contado. Y además tienes que pagar una plaza de aparcamiento, que no son precisamente baratas, ya que dejar el coche de noche en la calle es una temeridad. Si no te lo rallan, te dan en el parachoques, te roban el retrovisor o te lo encuentras sin ruedas… Bueno, o no lo encuentras, directamente.

A estos gastos tenemos que sumar el seguro, la gasolina (¡Quién fuera jeque!) y el impuesto de circulación. Para colmo en mi comunidad (Cataluña), no puedes dar dos pasos sin encontrarte con un peaje, pues apenas existen autovías y todas las autopistas son de peaje. Además nos prohiben circular a más de 80 km/h. Dicen que por la emisión de gases tóxicos. ¡Pero, Sres. Si como máximo, en horas punta ponemos la 3ª! (A veces parece que se cachondeen de los conductores)…

Bueno, llegamos a la ciudad y, evidentemente no hay un solo sitio para aparcar. Tras media hora de dar vueltas a la manzana, te das cuenta de que los coches aparcados son de atrezzo. Si te fijas diariamente verás que no se mueven (son coches colocados por el ayuntamiento para que tengas que utilizar la zona azul).

Bien, aparcas en zona azul (y a pagar otra vez) pero ¡ Cuidado! Cuando aparcas no hay ningún vigilante y tienes que acudir al bar más próximo para pedir cambio pero… cuando vas a recoger el coche y te has pasado 1 minuto de la hora que consta en el tiquet, allí tienes al vigilante presto a multarte. Normalmente es sordomudo, pues jamás te contesta y no se inmuta le digas lo que le digas.

Tienes otra opción y es utilizar un parking de los de toda la vida. Para eso tienes que ser un buen conductor, pues estos establecimientos aceptan el doble de vehículos de los que realmente caben y, claro, para aparcar donde el amable señor te indica, debes hacer un mínimo de 6 maniobras con la pericia de Alonso, para intentar no destrozarte el coche. Es imprescindible también pesar menos de 60 kg, o ser contorsionista, pues de lo contrario no podrás salir del vehículo, pues las puertas sólo se abren un palmo escaso.

Una vez te das cuenta que es mejor no utilizar el transporte privado, haces caso a las campañas sensibilizadoras y te decides por el transporte público. Puedes optar por el claustrofóbico y normalmente maloliente, aunque puntual metro, u optar por ver las vistas de la ciudad utilizando el “no sé cuando llegaré” autobús. Siendo como fuere, siempre viajarás de pie, estarás apretujado, te pisarán, tendrás que aguantar olores de lo más variopinto, te tocarán el cu.lo, y perderás todo tu glamour. Si así termina tu viaje, puedes darte por satisfecho. A menudo cuando llegas a tu destino te das cuenta de que te han robado la cartera y no puedes hacer nada más que denunciar la pérdida de tus documentos. Ten por seguro que los ladrones son profesionales especializados que están perfectamente organizados y que jamás les pillarán.

Tras esta experiencia te decides por el taxi; pero en ocasiones, sobretodo si te toman por guiri o por pardillo, te das cuenta de que el trayecto que tú haces en tu coche en 5 minutos, el taxista lo recorre en 15 y da unas vueltas muy graciosas que no sabes si es porque está haciendo un tour turístico por la ciudad o porque te toma por tonto. Pero ¡Ah, no protestes! Cuando ves que se te acaba el dinero, simplemente le dices: “Por favor déjeme en la próxima esquina”… Y terminas el trayecto andando.

Pues sí, siempre que puedo hago el trayecto andando, pues es más barato y más saludable. Y sueño en el día que existan bici-carretillas, como en China, así al menos habría menos polución y los jeques ganarían menos petrodólares, ños!

¡Contadnos vuestras anécdotas hoy toca echar unas risas!

Carla.-

Os recuerdo que podeis proponer temas que os interesen en la dirección de correo que se expone a continuación: ivanistas @telefonica.net. Por favor, identificaros con el nick que usais en este blog, para poder reconoceros y, por tanto, responderos.

Allí, privadamente, también intentaré también responder y ayudaros en todo lo que esté en mi mano. Gracias por vuestra colaboración.

24 abril 2009 a las 16:05 por cuandokarlaencontroaivan

¡Qué vergüenza!

Todos hemos vivido momentos en los que sólo quieres que la tierra te trague; momentos en los que te sientes tan ridículo, en los que pasas tanta vergüenza que quisieras desaparecer.

Luego, cuando los recuerdas o los cuentas a otras personas, desaparece la sensación de ridículo y te provocan una carcajada.

Pues bien, hoy que ya estamos en el fin de semana, os propongo contar alguna de estas anécdotas en las que te has sentido ridículo o en las que has sentido vergüenza ajena, o en las que no has podido aguantar la risa contemplando una escena.

¡Vamos a reír!

Yo me he sentido ridícula en muchas ocasiones, la verdad, pero aquí os dejo tres anécdotas que son las que me vienen a la cabeza en este momento:

1.- Cuando formaba parte de la Sección de Rugby del Barça, tuve que pronunciar un discurso en el teatro de un lugar del sur de Francia. Allí estaba el alcalde de la localidad, representantes de la Federación francesa de Rugby, directivos y jugadores de este deporte y la prensa.

Me preparé el tema y, cuando estaba a punto de acabar… se me cayó una funda de un diente. Intenté recolocármela con la lengua (inútil), apartarla a un lado e intentar hablar como si fuera ventrílocua, imposible. Colorada como un tomate, terminé con un socorrido “merci” y me bajé del escenario…

2.- Cuando estudiaba enfermería llevaba unos taconazos impresionantes (la moda de la época). Bajando la escalera del metro a toda prisa porque tenía el tiempo justo, hice una caída en la que no me rompí nada inexplicablemente. Llevaba los apuntes en un carpesano. Bien la escena era:

Yo rodando por la escalera para terminar panza abajo, cuan larga era, con la falda en el ombligo y los apuntes desperdigados por el andén.

La gente corrió a ayudarme y yo, quitándole hierro al asunto, diciendo: “No pasa nada. Estoy bien” y, como llegó el metro en aquel momento, me puse de pie y, muy digna, fui andando hacia él, pero en cuanto me puse de pie, me di cuenta de que uno de mis tacones estaba colgando. O sea, además de enseñar las bragas a todos los presentes, me monté medio coja en el metro. Eso sí, yo intenté en todo momento no perder la dignidad, jajajaja!

3.- Estábamos haciendo una limpieza general tras unas obras en casa, mi hermana y yo y el recién presentado novio de ella. Llenamos una funda de colchón de basuras. Pesaba tanto que la llevábamos arrastrando entre los 3 hasta el contenedor. Pero en el momento de introducirla en él, no había manera de subirla.

El novio de mi hermana (bajito y delgado), no quería desistir (imagino que para demostrarnos su poderío “machil”). Le dejamos solo y prácticamente quedó engullido por la funda de colchón. A mi hermana y a mí nos cogió tal ataque de risa que, cuando finalmente la funda quedó en la acera, al lado del container, y quisimos volver a casa, me di cuanta de que no podía dar un paso pues no paraba de reír y me era imposible aguantar el pis.

Andando como pude (pasitos de hormiga) llegamos al ascensor y allí, al vernos en el espejo…. ¡Zas! Otro ataque de risa e irremediablemente me hice pis. ¡Dios qué vergüenza!

Bueno, amig@s, éstas son algunas de mis anécdotas más ridículas ¿Y vosotr@s? ¿Qué nos contais?

Mil gracias, amig@s, por seguir escribiendo en este espacio, sois lo mejor.

Carla.-

Os recuerdo que podeis colaborar proponiendo temas que os interesen en la dirección de correo que se expone a continuación:

ivanistas @telefonica.net. Por favor, identificaros con el nick que usais en este blog, para poder reconoceros y, por tanto, responderos.

Allí, privadamente, intentaré también responder y ayudaros en todo lo que esté en mi mano. Gracias por vuestra colaboración y por confiar en este espacio.