No ha sido por mejorar mi situación legal en el paÃs, ni para pasar inadvertido entre la sociedad estadounidense, pero desde que vivo aquà he sido benévolo e incluso generoso en mis comentarios sobre las series de ficción que tengo la oportunidad de ver en primicia mundial. Es una de las ventajas de vivir en Estados Unidos. Parece que uno va un paso por delante del resto del mundo y en una conversación sobre cine, televisión, moda o tecnologÃa -cuando estás de visita en España- puedes quedar como alguien de lo más actual. Â
Es verdad que me siento un poco acomplejado en este terreno de las series porque nunca he sido muy partidario de las que se hacen en la tierra que me vio nacer, dejando al margen que las diferencias presupuestarias hacen difÃcil la comparación. Ayer aguanté dos minutos viendo Pelotas en TVE Internacional y me refugié en Oz, una obra maestra que está emitiendo HBO cuya acción transcurre en una cárcel de máxima seguridad y que en España pudo verse hace tiempo en Canal +. De nuevo –por Pelotas- sentà verguenza propia y ajena y experimenté la sensación de vivir en un permanente Cine de barrio. Pero hoy desde aquà quiero constatar que los yanquis cuando se les mete un tema entre ceja y ceja pueden ser igual de cansinos que nosotros.
Dentro de unos dÃas llega a España –primero en Fox (sábado 28, 22.15) y luego en La Sexta- La hora 11 (Eleventh hour), que lleva tiempo emitiéndose los jueves a las diez de la noche en CBS justo después de CSI.
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De hecho Eleventh hour comparte los mismos productores que CSI, Jerry Bruckheimer y Jonathan Litman.
¿Por qué se agotan tan rápido las fórmulas de éxito? Porque se exprimen no ya hasta la última gota, hasta el que el exprimidor eche chispas. Si en España ahora vamos de reportajes low cost sobre españoles, madrileños, valencianos y maragatos por el mundo y de tv movies basadas en hechos reales -ya sea un crimen resuelto o sin resolver o la biografÃa de una folclórica-, en USA los investigadores cientÃficos están que lo rompen. El biofÃsico Jacob Hood –interpretado por Rufus Sewell- es el enésimo investigador borde con cara de palo que lucha contra los malos que utilizan los conocimientos cientÃficos para delinquir.
Cuando se estrenó aquà con un entretenido capÃtulo sobre la clonación humana, la crÃtica televisiva fue unánime y uniforme en sus comentarios.  La serie capta tu atención, está muy bien hecha, las escenas de acción son más que convincentes y te hace pasar un buen rato frente al televisor. Ahora, hay que tener mucha afición para tragarte dos series seguidas de temática similar. Sobre todo porque La hora 11 no tiene nada que no hayamos visto antes en el cine o la televisión. Tiene una cosa buena: que no te exige una fidelidad semanal. La puedes ver cuando te la encuentras un jueves cualquiera sin otra alternativa más interesante.
Se equivoca La Sexta si espera subir su audiencia con esta serie en prime time. Puede que a sus directivos ya no les importe mucho si están a la espera de que algún novio se fije en su cadena. Podrán aportar La hora 11 a su ajuar para el matrimonio.








