La semana pasada, el reality musical American Idol fue líder de audiencia en Estados Unidos, con más de 23 millones de espectadores y un 21% de cuota de pantalla. Desde hace ya unas cuantas temporadas la final de este concurso, en el que se busca el cantante revelación de América bajo la atenta mirada de un jurado capitaneado por Simon Cowell, se ha convertido en todo un acontecimiento social en Los Ángeles, que paraliza el país de forma similar a los grandes acontecimientos deportivos. Es una máquina de hacer dinero y sus negocios paralelos, que incluyen un inagotable merchandising, parecen no tener límites.
La empresa Fremantle North America puede estar más que satisfecha con los resultados económicos y de imagen que le ha aportado este formato, al que todavía se le augura larga vida. Por eso es sorprendente la noticia que ha saltado a las páginas de televisión de algunos diarios de Estados Unidos. Tres empleados de Fremantle North America han demandado a la empresa por explotación laboral y por no cobrar las horas extras derivadas de su trabajo. Los demandantes aseguran que fueron obligados a trabajar 20 horas al día durante siete días a la semana, muchas veces sin tiempo para poder comer.
La acusación contra Fremantle parte de trabajadores que han ocupado distintos puestos: redactores, guionistas, realizadores, productores…. E implica, además de a American Idol, a otros programas como Osbournes:Reloaded, Thank God you´re here o Temptation.
Lo primero que tengo que decir es que me sorprende la noticia, sobre todo por la productora que es acusada de explotar a sus trabajadores. Uno espera que en una pequeña compañía con escasos recursos y bajos presupuestos se intente abusar de la buena fe de sus empleados. Por un lado por la parte vocacional que tiene este negocio y en la que siempre es fácil apelar al corazón de aquellos que desde niños han soñado con formar parte de un show televisivo. Por otro la inestabilidad laboral del sector siempre recomienda aguantar en tu puesto de trabajo a menos hasta que te salga otra oportunidad en otro lugar.
Pero llegar a trabajar 20 horas diarias, siete días a la semana, sin comer y sin cobrar horas extras dan para construir un guión del remake de Raíces, la serie que nos contó el principio y el fin de la esclavitud en Estados Unidos.
Da la casualidad de que Fremantle es una multinacional con oficina en España bajo el nombre de Grundy. De esta productora han salido programas como El precio justo, Factor X, Tienes talento o los más recientes Granjero busca esposa o Elígeme. Durante año y medio ocupé varios puestos de responsabilidad en Grundy y pude comprobar que las condiciones laborales de sus trabajadores nada tienen que ver con lo expuesto en la Corte de Los Angeles por los demandantes. Tuve además la oportunidad de viajar y conocer cómo trabajan en Fremantle en países como Gran Bretaña, Alemania u Holanda. Allí desde luego se comía y las jornadas de trabajo estaban incluso por debajo de las de España.
Por eso no entiendo cómo los responsables de la productora en Estados Unidos han podido actuar así. Sobre todo porque aquí los presupuestos seguro que son superiores a los de España u Holanda. Estoy seguro de que es una cuestión de personas con nombres y apellidos. Como he repetido muchas veces a las personas que discuten lo contrario, en mi opinión, las empresas, para bien o para mal, no tienen corazón. No deciden en una reunión de alta dirección si se va a maltratar intencionadamente a los trabajadores. Pero en medio de la pirámide laboral hay una gran cantidad de mediocres que se empeñan en subir peldaños apretando a los que tienen por debajo y dejando unos números lo suficientemente bonitos para que sus jefes les aplaudan.
Seguramente por acción u omisión los altos directivos de Fremantle en EEUU son responsables. Es hora de que todos estemos alerta para expulsar a los explotadores de esta profesión. Seguro que American Idol obtendría todavía más éxito.








