”Creo que Washington es un poco como American Idol pero con la diferencia que todo el mundo es Simon Cowell”. Es un chiste made in Barack Obama que el jueves por la noche visitó The Tonight Show con el rostro marcado por estos tiempos difíciles. Es complicado sentarte frente al mordaz Jay Leno y encontrar la medida de la seriedad que impone una situación económica como la actual sin olvidar que el humor es un elemento fundamental de la charla. Es decir, conseguir que la audiencia se ría contigo pero no de ti y que además crea que le vas a solucionar los problemas.
“Dicen que si quieres un amigo en Washington, tienes que conseguirte un perro”. Con humor Obama reveló otro de los grandes secretos de su mandato. Al final sus hijas, Sasha y Malia, disfrutarán del preciado can. Será en abril después de un viaje por Europa, el presidente aseguró que no tenía más remedio que acceder al capricho pues “era una promesa de campaña”.
En el New York Times aseguran que Obama parecía un poco aturdido. No es para menos. Seguramente en la definición de “marrón” que puede verse en los diccionarios deberían añadir la papeleta del hombre que se enfrenta a la crisis económica mundial desde el despacho presidencial del país más poderoso del mundo para bien y para mal.
Por eso es de agradecer que Obama se siente frente a Leno con la responsabilidad de que el pueblo estadounidense le está haciendo como se dice popularmente “la ficha”. ¿Tiene cara de agobiado? ¿Ha cambiado físicamente? ¿Ya no es tan simpático como cuando era candidato? Está claro que Obama sigue siendo el mismo –no ha pasado deamasiado tiempo desde que accedió a la casa Blanca- pero ya sabe lo que es hacer una entrevista estando a la defensiva. Defender al secretario del Tesoro, Timothy Geithner -”creo que Geithner está haciendo un excelente trabajo”- o lidiar con el escándalo de la aseguradora AIG, que sumida en terribles problemas financieros, ha pagado cuantiosos bonos a sus empleados tras utilizar el dinero de los contribuyentes para mantenerse a flote, no es un plato de gusto.
Por eso la escapatoria del humor fue una constante. Como cuando Leno le preguntó si los amigos con los que juega frecuentemente al baloncesto le dejaban ganar: “No veo la razón por la que alguien quisiera perder intencionalmente, salvo por todos esos agentes del servicio secreto con armas que están por ahí”.
Lo que siempre destacaré de los políticos como Obama es su carencia de afectos sectarios. En The Tonight Show vimos al presidente de todos los estadounidenses -sin distinción de raza, sexo, religión e ideología- y a la vez a un ciudadano más. Quiero pensar que es algo natural y no frutos del trabajo de sus asesores. Esta semana he hecho un viaje relámpago a España motivado por una denuncia contra mí interpuesta por la insigne periodista del corazón Lidia Lozano relativa aun programa que se emitió en 2002 y del que fui director. Además de comprobar que la justicia española es lenta y que Lidia es la Don Quijote de la prensa rosa -que en vez de molinos ve Ilenias- recorde que el presidente del gobierno se parece mucho a Mister Bean pero que no tiene ninguna gracia.
Creo que es difícil que veamos a Zapatero –como ocurrió con Aznar- sentado frente a un comunicador como Leno. Al actual presidente porque tiene contrato en exclusiva con Los mundos de Yupi y a su antecesor porque su sentido del humor lo perdió de un raquetazo en un partida de pádel.
Hay excepciones, el miércoles coincidí en un plató de Cuatro con Felipe González y recordé lo que es un político con carisma. Cometió errores graves en su mandato y las canas demuestran su edad pero su atractivo personal e intelectual sigue intacto. Como lo está su sentido del humor. Y es que en el examen para ser gobernante deberían incluir preguntas para comprobar esta cualidad. Esta claro que Zapatero y Aznar suspendieron. Pero Felipe y Obama aprobaron con nota.








