“Son sexys, sensibles e inmortales”. ¿Qué más se puede pedir? Tiene razón Charlaine Harris, la autora de Southern Vampire Mysteries, los libros en que está basada True Blood, cuando explica la razón por la que tanta gente se siente atraída por los vampiros.
A partir del jueves 4 de diciembre, Canal + se une a la pasión por los chupadores de sangre que últimamente ha regresado con fuerza a los Estados Unidos. Y es que al mismo tiempo que True Blood conquistaba a público y crítica en época electoral, Crepúsculo, una película protagonizada por Billy Burke sobre vampiros adolescentes arrasaba en taquilla. Eso sin mencionar Gabriel, el sucedáneo hispano con colmillos, protagonizado por Chayanne y El Puma, del que ya os hablé en este blog. Nos encontramos entonces con vampiros para niños, para mayores, violentos, majetes, macarras, conquistadores y hasta con acento español. Pero todos tienen algo en común: odian la luz del sol y sólo se les puede ver cuando anochece.
En el caso de Sangre fresca, así se llamará en España, la acción transcurre en Luisiana. Sookie Stockhouse (interpretada por Anna Paquin, la niña de El piano) se siente atraida por el misterioso mundo de las tinieblas por el atractivo vampiro Bill Compton (Stephen Moyer). Bill tiene mala cara y unas pronunciadas ojeras pero ni así puede ocultar su atractivo. Es una verdad comprobada y sufrida por todos los hombres heterosexuales que a la mayoría de las mujeres les gustan los malotes. Y es por esto por lo que Sookie cae rendida a los pies de un tipo que duerme en una ataúd, al igual que lo harán las chicas que se enganchen a la serie. Así nos va a los chicos buenos.
Harris es la creadora de la serie en que los vampiros son los cow boys modernos. Son peligrosos, llevan armas, tiene un pasado oscuro pero siempre hay alguien peor que ellos. Un “malo malísimo” del que tendrán que proteger a su amada. En el caso de True Blood, es una asesino que no sólo odia a los vampiros sino que es capaz de eliminar a todo aquel que se relacione con ellos.
La primera vez que te enfrentas a un capítulo te sientes igual de inquieto que cuando entras a la discoteca de Abierto al anochecer. Pero desde la cabecera, cuya música e imágenes están llenas de magnetismo, nada te deja indiferente.
Una vez metido en la trama ya no podrás escapar de ella. Porque no es miedo, no es sobresalto, no es el susto del cine que te levanta de la butaca, no es el grito de la pesada de al lado… Es lo inquietante de las situaciones. Nunca sabes qué es lo que va a pasar. Puede ser una escena de sexo, un ataque a la yugular o simplemente una situación que nos haga reir.
Nunca antes uno se había podido poner en el lugar del vampiro. En True blood, te sientes uno de ellos por eliminación. Ni eres el ayudante del sheriff, con mentalidad de concejal del PNV creyendo que tu RH es de raza superior, ni tampoco el miembro de un grupo ultrarreligioso que persigue a los diferentes por no compartir sus creencias. ¿Qué te queda? Dormir de día y salir de noche.
Bill Compton es la versión perfeccionada de Tony Manero en el siglo XXI. No se te ocurra irte a dormir. Acompáñale y disfruta de sus aventuras. Mientras existan tipos como él, América y el mundo serán un lugar seguro.
No quiero ser más explícito ni contaros más porque he visto todos los capítulos a través del canal HBO. De hecho busco desesperadamente un sustituto para mi dosis de sangre de los domingos por la noche.








